Contenido “para adultos” y las empresas

Estándar

En el mundo del management, apenas se habla de este asunto, y se limita casi al punto de vista financiero y de marketing, como si se tratara de vender fútbol o lechugas.

Recuerdo que hace un tiempo, en un programa con directivos discutíamos sobre la misión de la empresa, y las necesidades de las personas. Examinábamos la diferencia entre necesidades reales y falsas, por un lado;  y necesidades sentidas o no sentidas por otro lado. E íbamos viendo ejemplos de cada posibilidad.

Hieronymus Bosch: The Garden of Earthly Delights

Se suscitó un interesante diálogo cuando alguien preguntó por los “programas para adultos”…

¿Son una necesidad?

Porque es que

La pornografía tiene su punto a favor. Es seductora, placentera, relaja, promete un paraíso imaginario como refugio y olvido de las preocupaciones…

Casi se podría decir lo mismo que se dice de los narcóticos…

Hay demanda, hay oportunidad de “negocio”, y hay quienes se las ingenian para inventarse “propuestas de valor”: “Hay que tener mente abierta, no se puede ser cucufatos sacolargos…” e instruyen a quienes han de venderla: no le llamemos pornografía, sino “programas para adultos”.

Y ¿yo que creía que programa de adultos era un programa de MBA? ¡vaya!

Pero, aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Y esconder la cabeza debajo del ala no le sirve de nada al avestruz.

Pero ¿qué pasa con el consumo de porno?

  • Produce adicción.
  • Deteriora la capacidad de amar: querer y hacer el bien a los demás.
  • Banalización y pérdida de sentido de la sexualidad.
  • No es compatible con un aliento de la solidaridad, del compañerismo, del respeto a las personas.
  • Deteriora la capacidad de atender a razones. El uso de la racionalidad se ve debilitado.
  • Produce aprendizaje evaluativo negativo.
  • Los antiguos griegos y romanos señalaban cuatro cualidades que ha de tener el líder. La prudencia, la justicia, la fortaleza y … la templanza o sobriedad.
  • La templanza es precisamente la capacidad de usar la racionalidad al decidir. El consumo de porno debilita esa capacidad. Y crea hábito. Los romanos lo sabían. Preferían un líder con autocontrol y no un Calígula. Preferían un Maximus y no un Comodus.
  • Por tanto, va directamente contra la Motivación Racional por Motivos Trascendentes.
  • Pieter Bruegel the Elder: The seven deadly sins or the seven vices

    Y ¿qué pasa cuando una empresa fomenta la pornografía?

Es similar a cuando una petrolera produce un vertido en el mar.

Produce un atentado ecológico… de ecología humana en este caso, contribuyendo a:

  • Distracción y desenfoque de lo importante.
  • Deterioro de la capacidad de abnegación y trabajo.
  • Fomento de una visión de la mujer como “objeto”, de las personas como cosas.
  • Deterioro afectivo de sus empleados y clientes.
  • Fomento de “relaciones sentimentales” entre los empleados, y todo lo que conlleva: sufrimiento de los hijos, de los cónyuges afectados, cotilleos, “dimes y diretes”, pérdida de autoridad por parte de los jefes.
  • Deterioro de las relaciones conyugales de los empleados. El porno se convierte en intruso entre los esposos.
  • Obstáculo añadido a la conciliación entre trabajo y familia.
  • Deterioro del espíritu innovador.
  • Deterioro de la identificación con la organización.
  • Atentado directo contra la misión externa e interna.
  • Incompatible con una empresa que siembra “valores”. Queda muy claro cuál es el valor prioritario.

  • Es decir que a partir de ahora en la empresa lo que queremos es fomentar en nuestros clientes y colaboradores los siete pecados capitales. Tal cual. Pues uno lleva a otro.
  • Pedirle a los vendedores que la comercialicen es ilegítimo, porque un jefe no tiene derecho a mandar algo malo. Y no hay obligación moral de obedecer. Es un ejemplo de mal uso del poder. Pero puede dar miedo al vendedor que se resista…
  • Algunos empleados estarán a favor, a otros les dará igual, seguro será ocasión de chiste fácil… En otros produce situaciones incómodas en el fuero interno:

– “¿Cómo le explico a mis hijas que…?”

–   “Mi conciencia me dice que esto no está bien”, pero

– “¿Tomarán represalias si me niego a vender esto?”

–   Unos callarán: “mejor no digo nada para no ser objeto de discriminación, de que me llamen “retrogrado, desalineado”, ¿mira que si me despiden, o ya no cuentan conmigo para futuros ascensos?”

–   Todos encontrarán obstáculos para seguir libremente su conciencia.

–   Los mejores tal vez empiecen a pensar en marcharse.

  • Fomenta un clima de cotilleos, superficialidad,
  • Deterioro del clima laboral.
  • Deterioro del nervio competitivo de la organización

¿Qué produce la industria de la pornografía en sus diversas formas?

Es corrosiva: deja mucha gente tirada en la cuneta: actores y actrices son usadas como kleenex. Aumenta el riesgo de colaterales: drogas, abusos, violencia contra la mujer, explotación, discriminación, etc.

Todo lo contrario al “comercio justo y solidario”.

Conclusión

La pornografía en cualquiera de sus formas no es una necesidad real sino falsa. Su consumo no resuelve ningún problema real y crea problemas añadidos. Es dañina, para la persona y para la sociedad.

Si consumo porno tengo un problema. Si vendo porno tengo un problema aún mayor.

Bueno es tomar conciencia de ello.

“Pero,… es que…” “si no lo hacemos nosotros… estamos dejando pasar una oportunidad de negocio”.

Efectivamente, esa tentación del “todos lo hacen”…

Tal vez se trata de una de esas “oportunidades de negocio” que sea mejor dejar pasar.

Hay otras maneras de ganarse la vida, ¿no? Maneras de las que estaremos más orgullosos al momento de morir, cosa que un líder no olvida.

Por último, como siempre, me gustaría conocer si creen que me equivoco en esto que he señalado. Confío en que me lo harán saber para rectificar si tengo que rectificar. Quedo por tanto a la espera de sus comentarios, si tiene a bien hacerlo.

Hasta la próxima.

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PARA SEGUIR LEYENDO:

The Social Costs of Pornography: A Collection of Papers

by James R., Jr. Stoner et al.

y la La marea negra de la pornografía:

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COMENTARIO SOBRE EL LIBRO “EL COSTO SOCIAL DE LA PORNOGRAFÍA”:

Cuando el consumo de un producto es adictivo, está al alcance de cualquiera y a menudo es gratuito, no es extraño que se “normalice”. Pero eso no quiere decir que sea inocuo. En la era de Internet, la pornografía ha invadido no solo los ordenadores sino también las mentes de muchos. Lo cual está teniendo unos costes en términos de salud mental, tensiones en las parejas y depreciación de la sexualidad.

El Whitherspoon Institute, conjuntamente con el Institute for the Psychological Sciences y el Social Trends Institute, empezó a organizar hace años un ciclo de conferencias sobre los efectos de la pornografía. En él han intervenido expertos de diferentes sectores: psicólogos, psiquiatras, sociólogos, juristas y antropólogos. Los textos de las ponencias se reunieron posteriormente en el libro Los costes sociales de la pornografía, publicado recientemente en español.

La normalización de la pornografía


El libro se divide en tres secciones, más un resumen bibliográfico de las investigaciones más relevantes sobre el tema. En la primera se exploran los daños provocados por una auténtica “avalancha” de pornografía, como varias veces la definen los autores. Los daños son estudiados desde un punto de vista cultural, neurológico y en su relación con las conductas violentas y las relaciones sociales.

En el primero de los ensayos, la escritora y periodista Pamela Paul explica cómo la pornografía ha abandonado el rincón oscuro y clandestino que ocupaba hasta la década de los 80, y se ha instalado en la cultura popular. No es solo que el material pornográfico esté mucho más accesible gracias a Internet, no es solo que se produzcan cada año más cintas de este tipo (con una prevalencia preocupante, además, de pornografía violenta o degradante); lo más grave, piensa Paul, es su creciente aceptación social: las jóvenes posan descaradamente en actitudes pornográficas en las redes sociales; las estrellas porno aparecen con frecuencia en las mismas revistas sensacionalistas que cantantes, actores y otras celebridades destacables.

La pornografía genera una imagen cínica del amor y una visión de la sexualidad como puro dominio sobre el otro

Parte de esta normalización de la pornografía se ha conseguido gracias a una meditada estrategia de “desmitificación” de este tipo de material, eliminando la aureola de prohibido que lo rodeaba y ofreciéndolo, en cambio, como algo “sexy” e incluso divertido. En este sentido, Paul recuerda algunas comedias recientes donde los protagonistas se apuntan alegremente a trabajar en la industria pornográfica, sin que aquello parezca interferir en absoluto en sus vidas corrientes.

Un asunto de salud pública

Jill C. Manning, terapeuta familiar que escribe un capítulo sobre la influencia de la pornografía en la mujer, recuerda cómo le llamó la atención ver a una adolescente que llevaba una camiseta en la que se podía leer: “futura estrella porno”. Aquello le hizo reflexionar: “¿Qué lleva a una joven a realizar tal anuncio? ¿Cuál es su significado? ¿A quién espera ofender o atraer? ¿Quién saca provecho de este tipo de productos? Y si se trata de una broma, ¿cómo y cuándo trabajar en la industria del sexo se hizo divertido en vez de desesperado y abusivo?”.

El ejemplo de esta chica, y de muchos otros jóvenes que Manning ha podido tratar en su consulta, le llevó a admitir que, lamentablemente, hoy en día la pornografía está muy presente en el día a día de la juventud, y es su principal fuente de educación sexual.

Teniendo en cuenta el mensaje que la pornografía envía a sus consumidores sobre la relación entre hombre y mujer, esta omnipresencia del porno supone un problema de salud pública de primer orden. Mujeres y chicas adolescentes se enfrentan a una cultura sexual moldeada por la pornografía, que influye en el modo de verse a sí mismas y en el tipo de relaciones que mantienen con los hombres.

Según su experiencia de terapeuta, Manning constata que “las adolescentes cada vez toleran más abusos emocionales, físicos y sexuales en sus citas”. La autora reflexiona con ironía sobre cómo las nuevas generaciones de jóvenes reniegan en la práctica de las ideas feministas de antaño, que reivindicaban la autodeterminación de la mujer y la liberación de un dominio patriarcal.

Problemas en la pareja

Todos los autores coinciden en señalar algunos de los problemas asociados a la pornografía, recogidos, además, por una cada vez más extensa bibliografía. La exposición reiterada a material pornográfico provoca que sus consumidores tengan interpretaciones exageradas sobre la prevalencia de la actividad sexual entre la población general; que se reduzca su deseo de lograr la exclusividad sexual con una sola pareja (por lo que pierde atractivo el ideal de casarse y formar una familia); aumenta el riesgo de desarrollar una baja autoestima, sobre todo en las mujeres; genera una imagen cínica del amor y una visión de la sexualidad como puro dominio sobre el otro.

Un dato revelador es que entre las mujeres que han consumido pornografía con asiduidad, bien directamente o por exposición en el domicilio familiar, es mucho más frecuente una actitud de indulgencia con los delitos de violación, o con el maltrato físico. La conexión entre pornografía y legitimación de la violencia es cada vez más clara para los investigadores y terapeutas.

Otra tendencia claramente documentada es la prevalencia cada vez mayor de problemas relacionados con la pornografía en los casos de divorcio. Testimonios de hombres y de mujeres confirman que ha sido perjudicial para su satisfacción sexual, sus relaciones y su capacidad de intimar con sus cónyuges.

La mayoría de las mujeres percibe como una “traición” el consumo reiterado de material pornográfico por parte de su pareja. En cambio, entre los varones, aunque la consideración negativa de la pornografía es mayoritaria, se percibe una menor asociación entre su consumo y la sensación de engañar a la pareja. Varias asociaciones de jueces han manifestado que el consumo de pornografía –casi siempre por parte del varón– es cada vez más una de las causas principales en los litigios matrimoniales.

Un educador de comportamientos

Parte del éxito de la pornografía se debe a que reúne las condiciones para convertirse en un poderoso “educador” de comportamientos y convicciones: la plasticidad de la imagen, combinada con la especial vulnerabilidad del cerebro en momentos de excitación mental, y los mecanismos de recompensa fácil que ofrece la pornografía, hacen de ella un instrumento eficacísimo para el adoctrinamiento.

Norman Doidge, psiquiatra y psicoanalista, examina cómo la pornografía se aprovecha de la plasticidad del cerebro en materia sexual, hasta formar lo que él denomina “un nuevo mapa cerebral”. Retomando algunas teorías freudianas, Doidge explica que la libido humana “no es un deseo biológico invariable, sino que manifiesta una curiosa volubilidad, alterándose con facilidad en función de nuestra psicología y nuestro historial sexual”.

La exposición a material pornográfico en la infancia, un periodo crítico para la formación de la sexualidad, es un fenómeno cada vez más frecuente, y puede generar consecuencias que duren toda la vida. Además, la conexión rápida a Internet “satisface todos y cada uno de los pre-requisitos necesarios para el cambio neuroplástico”.

Tendencia hacia lo violento

Doidge alerta del cambio que se ha producido en las últimas décadas respecto a la catalogación del material pornográfico: lo que antes era considerado “pornografía suave” ni siquiera se considera pornográfico hoy en día, y ese tipo de contenidos están omnipresentes en publicidad, videoclips o series para el público general; por su parte, lo que antes era “pornografía dura” constituye hoy la norma en este sector, mientras que el material duro actualmente manifiesta una peligrosa tendencia hacia lo violento.

Este cambio en el paradigma de la pornografía se ajusta perfectamente al que se produce en el cerebro del consumidor asiduo: al principio se siente repugnancia ante determinados contenidos, pero el acostumbramiento hace que cada vez se requiera una dosis más fuerte para lograr los mismos resultados. De ahí que una de las consecuencias típicas del consumo frecuente de pornografía es que se deja de sentir apetencia por las relaciones normales con la pareja.

No obstante, señala Doidge, los mismos mecanismos cerebrales que nos permiten adquirir gustos problemáticos pueden, mediante tratamiento intensivo, llevarnos a generar mapas cerebrales más sanos.

Un fallo antropológico de base


En la introducción del libro se explica que no es posible entender el drama de la pornografía solo centrándose en la evidencia de los daños sociales provocados; hace falta entender por qué es nociva para el hombre desde un punto de vista antropológico.

A ello se dedica la segunda parte del libro, sobre todo el capítulo de Roger Scruton, filósofo y escritor. La tesis principal de Scruton es que la pornografía aliena la sexualidad en tanto que elimina de ella su elemento fundamental: la entrega al otro, la interpersonalidad.

 

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