Vulnerabilidad de las Organizaciones

Estándar

Chester Barnard, 1938. The function of the executive:

«Mucho de lo que consideramos como seguro, previsible y estable es de modo tan evidente resultado de esfuerzos organizados convencionalmente, que de muy buen grado se cree que el esfuerzo organizado es normalmente fructífero y que el fracaso de la organización es anormal. Tal ilusión, desde muchos puntos de vista y con considerable cautela, es hasta útil en muchos de nuestros asuntos importantes, por lo menos bajo las condiciones que llamamos “normales”. Mas de hecho, la cooperación fructífera en o por las organizaciones convencionales, es la condición rara y no la frecuente. De las que cada día nos damos cuenta son de las que sobreviven satisfactoriamente entre las innumerables que fracasan. Las organizaciones que imponen una atención prolongada, las que casi todas son a lo más de corta duración, son la excepción y no la regla.

Puede correctamente afirmarse que la civilización moderna se caracteriza por el gran remanente de organizaciones existente en una época determinada; pero lo que o implica que las organizaciones particulares de esa época hayan de tener o continuar teniendo una larga existencia. De modo semejante se reconoce que la existencia de una población no implica necesariamente longevidad, sino meramente el equilibrio de una repetición constante entre defunciones y nacimientos. Así, la mayor parte de las cooperaciones fracasan en su intento, o mueren en su infancia, o son de muy corta vida.

En nuestra civilización occidental únicamente una organización propiamente tal, la Iglesia católica romana, reclama una edad considerable. Unas pocas universidades, muy pocos Gobiernos nacionales, o naciones realmente organizadas tienen más de doscientos años. Fracaso en cooperar, fracaso de la cooperación, fracaso de organización, desorganización, desintegración, destrucción de la organización –y reorganización–, son hechos característicos de la historia humana».

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