Lealtad a la empresa: Maslow no era maslowiano

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Diario GESTIÓN, 14 de mayo de 2007

Abraham Maslow es quizá el pensador que más ha influido en la concepción acerca de la motivación que impulsa a trabajar a las personas. En síntesis su posición se resume en dos aspectos: establece su conocida jerarquía de cinco tipos de necesidades humanas (fisiológicas, de seguridad, sociales, autoestima, autorrealización); y postula un dinamismo por el que aparecen motivaciones para satisfacer aquellas necesidades, según el cual la motivación para satisfacer una necesidad de tipo superior tan sólo aparece y es operativa cuando están satisfechas las necesidades de tipo inferior.

Su jerarquía es muy abierta y rica pues recoge muchos aspectos que parecen mover la acción humana; por ello, ha sido muy beneficiosa para escapar de las fáciles simplificaciones que parecen reducir los motivos humanos a cosas demasiado inmediatas como el dinero, la comodidad y el reconocimiento.

Sin embargo, el principal inconveniente de su jerarquía es la falta de conexión con una concepción completa y ordenada del ser humano que explique las relaciones entre las diferentes necesidades que sienten las personas. Y por otro lado resulta evidente que su postulado de dinamismo choca frecuentemente con la realidad. Como muestra de ello, la actuación del gerente general de una empresa constructora que relata Rafael Escola:

Dicho Gerente General tenía amistad con el dueño de una Promotora de Viviendas, y éste le contó un día la necesidad que tenía de contratar a un ingeniero de 25 a 30 años que reuniera determinadas características: de encontrarlo le ofrecería una retribución muy por encima de las normales para su edad, y un porvenir muy apetecible. El Gerente General vio enseguida que uno de sus ingenieros reunía exactamente aquellas condiciones y que su porvenir en la empresa Promotora sería sin duda mejor que el que él podía ofrecerle. Por otro lado, aquel ingeniero estaba siendo muy útil en su trabajo y no parece que el buen gobierno deba nunca perjudicar a la propia empresa gobernada. Sin embargo, pensó que a él no le gustaría que le ocultarán un porvenir mejor, y que la persona es más importante que la empresa cuando a ésta no se le produce un perjuicio importante: otro ocuparía su lugar. Llamó al ingeniero, y le explicó las cosas exactamente como él se las había planteado, o sea como lo dicho. El ingeniero visitó al dueño de la empresa Promotora y llegó enseguida a un acuerdo con él; se despidió de su Gerente General dándole las gracias.

Maslow habría aplaudido la lealtad de este gerente con uno de sus ingenieros. Él mismo demostró la misma actitud leal y, dándose perfecta cuenta de las limitaciones de su enfoque, siempre sostuvo que su intento era principalmente útil como un marco para futuras investigaciones. Por ello, Maslow nunca habría aplaudido la actitud de algunos maslowianos que exageran y simplifican su enfoque con el fin de dar por buenas las técnicas que pretenden desarrollar con fines prácticos.

Hoy en día está de moda decirle a los profesionales que han de ser leales solo a sí mismos y no a la empresa en la que trabajan, y se dan como argumentos para ello la deslealtad de las empresas con los que les han dado los mejores años profesionales de sus vidas. Para alegría de Maslow hay empresarios que no le hacen mucho caso a los maslowianos, y sí son leales a sus colaboradores, como el caso que hemos mostrado, aunque contradiga su teoría. Para alegría de estos empresarios leales, seguramente recibirán la misma lealtad por parte de sus colaboradores.

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