Juan Antonio Perez López (1934-1996)

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Biografía
Tras estudiar la carrera de Actuario de Seguros en la Escuela Central Superior de Comercio de Madrid, Pérez López trabajó durante cinco años en Hidroeléctrica Española S.A. En el año 1961 inició su actividad académica en el IESE, en el Departamento de Análisis Cuantitativo, hoy Departamento de Control. En el año 1970 obtuvo el doctorado en Business Administration en la Universidad de Harvard, con la tesis Organizational theory: A cybernetical approach. A partir de allí profundizó en desarrollos teóricos alrededor de la acción humana en las organizaciones.

Falleció el 2 de junio en accidente de tráfico.

Contribución
El punto de partida del desarrollo de Pérez López es el concepto de aprendizaje. “Por «aprendizaje» entendemos aquellos cambios que ocurren en el interior de los agentes como consecuencia de la propia interacción, siempre que esos cambios influyan en cómo será la siguiente interacción”.2

A partir de esta definición, Pérez López distingue tres tipos de agentes, que denominará:
Sistema estable: el agente no puede cambiar sus reglas de decisión. No aprende.
Sistema ultraestable: el agente puede aprender con la experiencia y, por tanto, modifica sus reglas de decisión. Este aprendizaje es siempre positivo. A mayor experiencia, mejor decisión.
Sistema libremente adaptable: el agente puede aprender con la experiencia, pero el aprendizaje no es necesariamente positivo. El agente tiene la posibilidad de aprender negativamente.

Interacciones
En una interacción entre sistemas que aprenden (cfr. Fig. 1), Pérez López encontrará tres tipos de resultados:

Resultados extrínsecos: la propia interacción.
Resultados internos: aprendizaje (cambio de la regla de decisión) del agente activo, ocurrido al realizar la interacción.
Resultados externos: aprendizaje del agente reactivo.
Pérez López invitaba a analizar cualquier decisión empresarial que afectara a otras personas con las preguntas: ¿Qué resultados voy a obtener? ¿Qué voy a aprender yo, tanto operativa como evaluativamente? ¿Qué va a aprender la otra persona, en las mismas dimensiones?.3 “Al profundizar en el estudio de la acción, se llega a concluir que sus resultados no son únicamente externos, sino que repercuten en el sujeto agente, aumentando o disminuyendo la riqueza que éste posee en el momento de llevarla a cabo. De ahí que la consideración de lo que cabe denominar el doble resultado de la acción se aleje de la unilateralidad del pragmatismo. El resultado interior de la acción es más importante que sus consecuencias externas puesto que modifica la capacidad del sujeto en orden a la ejecución de acciones ulteriores. Ese peculiar feedback está completamente ausente en la interpretación mecanicista de la acción (…). Pérez López no elabora propiamente una teoría de la acción aislada, o de un único sujeto, sino de lo que llamaré una teoría de la acción recíproca, es decir, de las repercusiones que las acciones de un hombre producen en las acciones de otro”.

Motivaciones y motivos

Pérez López parte de que los agentes tienen un impulso, que llama motivación potencial, hacia el logro de satisfacciones superiores. Esta motivación potencial se transforma en motivación actual hacia una decisión concreta, a través de dos mecanismos:
Motivación espontánea: anticipación, a través de la memoria, de la satisfacción que producirá la percepción de la interacción.

  • Motivación racional: “reconocimiento abstracto de la conveniencia de ejecutar o no una acción en función de la evaluación abstracta y «a priori» de sus consecuencias”. Para controlar el impulso de la motivación espontánea y llevar a la práctica lo aconsejado por la motivación racional, hace falta una realidad que es denominada virtualidad del agente. Las consecuencias de la acción son agrupadas en tres tipos de motivos:
  • Motivos extrínsecos: aspectos de la realidad que determinan el logro de satisfacciones que se producen por las interacciones.
  • Motivos intrínsecos: aspectos de la realidad que determinan el logro de aprendizajes del propio decisor.
  • Motivos trascendentes: aspectos de la realidad que determinan el logro de aprendizajes de las otras personas con las que se interacciona.
    “Apoyándose, para superarlas, en las tesis de autores como Chester I. Barnard, de la Universidad de Harvard, y de Abraham H. Maslow, de la Universidad de Brandeis (…), Juan Antonio [Pérez López] fue elaborando, y contrastando con la realidad, su teoría, de la que eran como destellos, de uso corriente dentro de la familia IESE, sus tripartitos y encadenados lemas -motivación extrínseca, motivación intrínseca, motivación trascendente; eficacia, atractividad, unidad; capacidad estratégica, capacidad ejecutiva, liderazgo- para acabar, en 1991, con la publicación de su primera obra, Teoría de la Acción Humana en las Organizaciones, en la que, rechazando, por incompletos, el paradigma mecanicista de dirección de empresas -en el que se supone que las personas se mueven exclusivamente por motivaciones extrínsecas-, y el paradigma psicosociológico -que añade las motivaciones intrínsecas a las extrínsecas-, Juan Antonio Pérez López propone el paradigma antropológico, que es el único paradigma completo, ya que parte del convencimiento de que las motivaciones que acaban de explicar el comportamiento humano en la organización son las motivaciones trascendentes que, según su propia definición, son aquellas que llevan a actuar por las consecuencias de la acción para otras personas, distintas de la que realiza la acción y cuyas necesidades se busca satisfacer”.

Aprendizaje negativo
“Es un aprendizaje que facilita el logro de unos resultados, cuando ese logro en sí mismo implica la destrucción de las condiciones que son necesarias para seguir alcanzándolos”.
El aprendizaje negativo tiene los siguientes rasgos básicos:
Se busca la solución de un problema parcial, sin considerar el problema general, del que el problema parcial es parte.
Las soluciones encontradas para el problema parcial son subóptimas desde el punto de vista del problema general.
Las resoluciones sucesivas del problema parcial generan un aprendizaje, y, por tanto, una motivación creciente a elegir alternativas subóptimas desde el punto de vista del problema general.
El problema general es cada vez peor resuelto.
Un ejemplo sería el de un “aficionado a un deporte que ha empezado a practicar sin la guía de algún experto. Lo más probable es que desarrolle hábitos que sean contraproducentes para una práctica afinada de ese deporte”.

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