José Antonio Segarra

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Me acaba de llegar la noticia del fallecimiento con 62 años de José Antonio. Dios se lleva a un grande. Pero tenemos un nuevo intercesor en el cielo.

Le conocí cuando inicié el MBA en el IESE en 1989. Sus clases eran espectaculares y divertidas. Te ponía a pensar desde el primer momento, con gran sentido del humor, y gran humildad por su parte.

Era un profesor exigente y cariñoso. Fue el tutor de mi equipo, nos  atendía a su modo y nos orientaba en los momentos clave: por ejemplo, al elegir opcionales en el segundo año: “¿Qué cursos se ofrecen?”, “Bien, pues todos a elegir tal y cual curso y con los demás haced lo que queráis”. Y todos los de mi equipo por supuesto le hacíamos caso, de modo que pudimos escuchar y leer el excelente libro de Antonio Valero y José Luis Lúcas (Política de Empresa), asistir al curso de Sandalia Gómez sobre Relaciones Laborales, al de Pablo Fernández de Investment banking, o el de Manolo Velilla sobre Sistemas de Control.

Recuerdo que no tuvo tanto éxito cuando nos ofreció trabajar vendiendo páginas amarillas. Amaba las ventas.

A mi personalmente supo orientarme con gran cariño y comprensión en un problema por el que atravesé durante mi segundo año de master.

Muchos años despúes en Perú coincidí con él en varias ocasiones. Viajamos juntos a Cañete a ver los programas sociales de Valle Grande y Condorai, y se divirtió mucho –él, no yo– con ocasión de un encuentro que tuvimos en carretera con la policía de tráfico de regreso a Lima.

También le lleve a ver un CRFA en Piura. Se enamoró del sistema de alternancia y fue un generoso colaborador y donante durante años. En enero de este año escribió a David Bauman, de Prorural: “Una alegría saber siempre de ti y de tus esfuerzos extremos por mantener esa Bendición de Dios que es el proyecto de Prorural.”

También conversamos mucho sobre la tarea de profesor de una escuela como el IESE o el PAD, sobre el método del caso, los rankings, los casos, los MBAs. Recuerdo una divertidísima cena en Lima hablando sobre todas estas cosas con la asistencia también de Vicente Font.

Yo trataba de asimilar todo lo que decían, consciente de estar escuchando a un gigante con una gran generosidad por compartir todo su saber.

La última vez que estuve con él fue almorzando en el IESE de Barcelona. Le opuse al día de mil cosas sobre el sistema de alternancia (los CRFA) en Perú y demás.

Mis últimas comunicaciones son de este año sobre su grave enfermedad. La llevaba luchando con alegría y un confiado abandono en la voluntad de Dios. Le escribí el día de la Fiesta de Lourdes; y me respondió el último mensaje que recibí de él:

”¡¡Muchísimas gracias, Manolo!! La Virgen de Lourdes lo sabe todo sobre la enfermedad y la fragilidad humana. Nuestra gran intercesora!!

Estoy animado y confiado!!

Un abrazo bien fuerte,

JAS

 

 

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