Ética… ¿Qué?

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Hace tiempo en una viñeta del diario Gestión un personaje se servía de la ecuación de
Einstein, E= mc2, para sentenciar: “Ética igual a mucha conchudez al cuadrado”.Un colega, muy relacionado con el sector de banca y finanzas, me confesaba que muchos empresarios salen corriendo aborrecidos cuando oyen hablar de ética.

El sociológo judio Amitai Etzioni dedico un capítulo de su autobiografía, titulada “El guardían de mi hermano”, a relatar su experiencia durante los dos años que fue invitado como profesor de ética en la Harvard Business School: pueden verlo en internet. Su sensación fue de fracaso y desánimo. La actitud de los profesores y alumnos sobre la ética realmente no era muy alentadora.

A veces también se oye decir: “todo lo rico o es pecado o engorda”. O sea que pareciera que la ética y la moral vienen siempre a amargarme la fiesta. De modo que parece que la ética no tiene buena imagen y hablar de ella no acarrea popularidad.

He preguntado a muchos directivos qué entienden por ética. Mi muestra no es, desde luego, representativa pero lo que suelen decir es que se trata de normas, principios, valores… Si sigo preguntando terminan resignándose a reconocer que no saben muy bien de dónde salen ni para qué sirven, que son muy relativos, cambiantes según la cultura, la época, religion, educacion recibida, y qué sé yo: que los esquimales actúan distinto que los musulmanes. O lo que decían algunos profesores de Harvard: la ética es muy relativa pues lo que para unos es ético para otros no lo es.

Hace poco he vueldo a reflexionar sobre ello con ocasión de impartir una jornada de ética a los altos directivos de una organización empresarial con varias decenas de miles de empleados. ¿Es tan mala la ética? Otros se quejan de la falta de ética y moral en empresarios y políticos, y los altos costos sociales de tanta estafa y robo de cuello blanco. Reclaman que hay que inculcar valores en los colegios, que los padres son los responsables.

Bueno, entonces, ¿en qué quedamos? ¿es buena o es mala la ética? ¿pero de qué va? ¿para qué sirve?

He tomado para esta columna el título de un libro que publiqué en 2015 con Planeta “Antivirus mental”, que aprovecho, si me permiten, para publicitar. ¿Por qué? Porque intentaré aportar algunos antídotos a una suerte de virus cuya presencia en el ambiente mental, creo yo, no ayudan a pensar mejor y a disfrutar mejor de la vida; que de eso va la ética, a mi entender.

En la siguiente entrega intentaré detallar que la ética bien entendida trata, hasta donde yo sé, de la lógica de la libertad y de la felicidad. Pero ya superé el espacio disponible. Continuará.

[Columna publicada en Revista mercadonegro ADnews, marzo 2019]

 

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