El diablo es conservador, o la manipulación que nos rodea

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Revista PAD, diciembre 2001

¿Por qué este título?

Por varias razones. En primer lugar, porque he leído un libro de Alejandro Llano titulado “el diablo es conservador”, ediciones Eunsa que me ha gustado muchísimo y cuya lectura recomiendo. En segundo lugar porque, aunque no es “políticamente correcto” ya que está mal visto hablar del diablo, este ser espiritual sí existe. En tercer lugar porque es verdad que el diablo es conservador: al diablo le gusta dejar las cosas como están y que no mejoren, y para ello trata de convencernos de que hay que atenerse a los “hechos” y “adaptarse”, considerando que es imposible mejorar la situación.

¿Cómo están las cosas?

Suponiendo, lo cual es mucho suponer, que las cosas estén tal como las muestran los medios de información y los “intelectuales” de salón que son los que suelen aparecer en los mass media, no parece que las cosas estén muy bien. Ya se sabe que las buenas noticias parece que no son noticia: “si un perro muerde a un hombre no es noticia, pero si es al revés, y allí estuvo una cámara, la imagen saldrá en todos los noticieros del mundo. Para ilustrarlo voy a comentar algunos de los tópicos que flotan en el inconsciente colectivo, que son a su vez, manifestaciones de desinformación generalizada:

Hiperinflación del “liderazgo”

Oímos hablar de liderazgo hasta en la sopa se quejaría Mafalda. Pareciera que es el jarabe “curalotodo”, de modo que me alegra mucho el título que Santiago Álvarez de Mon le ha puesto a su último libro: “el mito del líder”. Las miles de definiciones que existen son síntoma de que muy pocos parecen tener una idea verdadera de lo que es ser líder. Y se reduce el liderazgo a una suerte de carisma o talento esotérico que tienen algunos para hacer lo que les dé la gana con los demás y llevarlos y usarlos al cumplimiento de la propia visión de la organización: nunca la “visión” ha sido tan “ciega” como actualmente que se habla tanto de la “visión”. No abundo más en esto porque ya me he ocupado de algunos aspectos de este tema en una edición anterior de esta revista.

Hiperinflación de “valores”

Hay mucha gente muy ejemplar y ética en su comportamiento mucha más de lo que parece pero hay pocos que sepan qué es la ética. ¡Cuidado! La mayoría de las veces que se habla de ética, no es ética de lo que se está hablando. Y no espere el lector que yo lo explique en dos párrafos, pero voy a dar algunos apuntes al respecto.

Actualmente, todo el mundo habla de “valores” y algunas empresas se gastan sus buenos dólares en campañas al respecto. Y se olvida un pequeño detalle. La ética poco tiene que ver con los “valores”, pues la ética mucho tiene que ver con la voluntad y con la libertad.

Valorar es una actividad de la inteligencia, en el mejor de los casos (en el peor es una actividad de la sensibilidad o del “hígado” por decirlo de modo más castizo). Querer es una actividad de la voluntad. Y la voluntad crece, se potencia, es más libre es decir, más virtuosa, cuando quiere cosas mejores y las logra: y lo mejor es la felicidad pues es el mayor bien. Por tanto, la ética tiene que ver con la felicidad y con estar contentos. Y eso se logra cuando la voluntad crece en virtud que es la que permite acceder a mejores satisfacciones (bienes). Ahí está el detalle, que diría Cantinflas.

Pero la virtud es una palabra al parecer muy mal vista en la actualidad no es “políticamente correcta”. Alguno de los televisivos líderes de opinión se sonreiría socarronamente al oír esta palabra. Síntoma de que, al igual que ocurre con la visión en la empresa, simplemente no se ve lo que realmente es la virtud.

Por tanto, conviene dejarse de esotéricos “valores” y acudir a la muy poco esotérica porque es muy clara y asequible “Ética a Nicómaco” de Aristóteles que en su inicio afirma que “todo hombre tiende por naturaleza a ser feliz”. Si la ética no tiene que ver con la felicidad entonces con qué.

Aunque surge otro problema de en qué consiste ser feliz. Y cuando no se ve se acude a los “valores”. Continua Aristóteles diciendo que unos piensan léase “valoran” que la felicidad está en los placeres, otros en las riquezas, otros en los honores… Y se olvida que la felicidad tiene mucho que ver con la amistad. Por eso, también me ha alegrado mucho que uno de los últimos libros de Carlos Llano, Doctor Honoris Causa de la Universidad de Piura, se titule “la amistad en la empresa”. Como dice, Aristóteles, la amistad es aquello que hace que merezca la pena “sobrevivir”, pues sin amigos qué valen esos otros “valores” de los que se habla.

Hiperinflación de “verdades”

Otro aspecto de la desinformación del lenguaje que nos rodea es que se está poniendo de moda nadie sabe muy bien por qué colocarle adjetivos posesivos a la verdad. Unos hablan de “MI verdad, SU verdad” y cosas por el estilo. Y se olvida aquello que Machado decía: «¿Tú verdad? No. ¡La verdad! La tuya déjala. Y la verdad ven conmigo a buscarla».

Solo la realidad es propietaria de la verdad. Ninguno de nosotros la tiene sino que debemos ir encontrándola en el diálogo con los demás.

Hiperinflación de “opiniones”

Las encuestas están de moda. Los medios de comunicación acuden a ella con ocasión o sin ella, y cuando no hay de qué se sacan de la manga con qué criterio es algo que no dicen algún “tema” que salta a la opinión pública y se convierte en tema de conversación. Se nos repite hasta la saciedad que todo el mundo tiene derecho a opinar con libertad, y que todas las opiniones merecen respeto.

De nuevo la desinformación del lenguaje, pues aunque es importante obviamente que las opiniones se expresen con libertad, este aspecto no es el más importante de la opinión. Lo más importante de la opinión es que sea verdadera. ¿De qué sirve escuchar miles de opiniones falsas? De modo que no todas las opiniones merecen respeto. Una opinión sólo merece respeto en la medida que sea verdadera. Lo que no significa que no haya que respetar al que expresa una opinión falsa. Hay que respetar a todas las personas, aunque considere que alguna de sus opiniones estén equivocadas.

Por eso, cuando alguien dice “ya he expuesto MI verdad”, o “esa es SU verdad” habría que preguntarle que cuál es más verdad de esas dos “verdades”. Por ello, mejor no ponerle calificativos posesivos a la verdad, y decir llanamente “ya he expuesto mi opinión”.

Pero antes de expresar una opinión, hay que estudiar y pensar el asunto. Molestia que no se toman muchos encuestados. Cuando estudiamos un asunto a veces podemos llegar a la conclusión de que es más sensato decir que no tengo opinión al respecto. Esa es la actitud honrada ante la verdad: responder que no sé, cuando veo que no sé, en lugar de aventurar una conjetura que seguramente no tiene nada que ver con la verdad del tema de que se trate. Expresar opiniones no pensadas deteriora mi libertad pues me aleja de la realidad, y por ello, es un vicio intelectual y moral. Y es algo que no deberían fomentar los mass media. En vez de poner a todo el mundo a opinar sobre un tema, deberían investigar y/o preguntar al que sabe del asunto.

Hiperinflación de “gurus y expertos”

“Según los expertos consultados…”, “según las últimas investigaciones científicas…”, etc. Así suelen comenzar algunas noticias, y es una manera “elegante” como los mass media pretenden garantizar su “neutralidad”, “independencia” y “objetividad” solo aparentes cuando expresan su opinión sobre un tema, haciendo que sea otro el que la exprese. A veces, también ciertas publicaciones se cubren diciendo que “no se solidarizan necesariamente con las opiniones vertidas en los artículos que publican”. ¿Quién entonces es responsable de que dicha opinión aparezca en esa publicación?

Estamos rodeados de “gurus” y “expertos” a los que se les pregunta cuando surge alguna nueva cuestión. Parecen saber de todo y nadie sabe muy bien por qué, quizá porque son amigos del dueño del periódico o del presentador de cierto programa pues, además, siempre suelen ser los mismos.

Y se olvida el pequeño detalle de en qué consiste un “experto”. Aparte de bromas pues hay muchos chistes de “expertos” y algunos son muy buenos , un experto es alguien que ha logrado una buena capacidad de hacer bien en un determinado ámbito profesional: pensemos, por ejemplo, en un buen carpintero o en alguien que sabe escribir bien. Por tanto, por definición, se es experto en un tema, no en todos los asuntos. Se puede ser experto carpintero, y no por ello experto en otras cuestiones. Una persona sabrá escribir bien desde el punto de vista estilístico, y no por ello sus opiniones sobre temas que no tienen nada que ver con escribir estilísticamente bien, serán más verdaderas que las de otra persona.

Sin embargo, cuando alguien gana fama en un determinado saber, automáticamente se le presenta como “experto o guru” y se publican sus opiniones sobre casi cualquier cosa: si privatizar una empresa estatal, la clonación sobre la que tanto se ha desinformado estas últimas semanas, los agujeros en la capa de ozono, el desempeño de tal o cual ministerio o qué hacer con los mass media.

Más que personas expertas hacen falta personas sabias. Hay expertos que son sabios, hay sabios que no son expertos en nada, y hay expertos que carecen de sabiduría. La sabiduría es algo diferente que ser experto. La sabiduría es saber las cosas que importan para la vida, y en esos temas conviene más buscar al sabio que al experto.

Hiperinflación de “gestión empresarial”

También hay hiperinflación de “expertos” en “gestión”, que entre los méritos para serlo quizá esté el de estar habituados al “management by best seller”. Es decir, la mala costumbre de pensar que el “management” se aprende leyendo algunos de los muchos y malos libros de gestión que abundan por ahí. Peor aún si esto lo piensa un profesor de “management”.

Y se olvidan tres detalles. Primero, que lo que se pueden gestionar administrar son cosas, recursos… pero no personas. Claro está, esto puede verse no con las ciegas visiones empresariales, guiadas por el pseudoliderazgo al uso, sino dándose cuenta que las organizaciones humanas tienen como fin la satisfacción de necesidades también humanas, y por lo tanto, no cualquier medio “vale”, por más que le pese al Maquiavelo de “el Príncipe”. Digo de “el Príncipe” porque, como señala Alejandro Llano, Maquiavelo escribió otra obra más madura y completa, “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”, en la que corrige esa tontería de que “el fin justifica los medios” y sostiene que la capacidad creativa y el dinamismo de una república surgen de la virtud sí de esa cualidad adquirida y buena que es motivo de sorna para algunos de los ciudadanos, de su libre participación en la vida comunitaria y política como miembros activos y responsables.

Segundo, porque gobernar una organización es habérselas con seres libres. Gobierno es otra palabra mal vista en la actualidad y suena a tiranía, corrupción, etc., porque se ha olvidado que el gobierno tiene que ver con la libertad, pues solo puede gobernarse a seres libres. No tiene sentido decir que “se gobierna una chanchería”. Una chanchería se gestiona. Por ello mismo, no conviene decirse que “se gestiona una empresa”. Y por todo ello, a pesar de no ser políticamente correcto, Pablo Ferreiro y yo hemos titulado “Gobierno de personas en la empresa” al libro en el que exponemos los criterios que deben guiar la acción directiva en cualquier organización.

Tercero, gobernar no es ni una técnica (como, por ejemplo, la carpintería o la gasfiteria) ni una ciencia (como, por ejemplo, la física o la filosofía), tampoco es un arte. Es un saber prudencial, para utilizar otra palabra cuyo significado genuino se ha olvidado, es decir, razón práctica. Y eso lo desconocen muchas de las Business Schools que proliferan. También pareciera que hay hiperinflación de estos estudios, quizá porque algunos piensan que es buen “negocio”, de la misma manera que algunos dueños de canales de Tv o prensa consideran su actividad como un buen “negocio”. No tiene nada de malo hacer negocio y ganar plata, lo que está muy mal es hacerlo a costa del cliente, prometiendo a los clientes las técnicas para lograr el éxito (los placeres, las riquezas, los honores, es decir, los “valores” de que hablaba Aristóteles) a cambio de “un puñado de dólares”, o dando “información” a cambio de unos puntos de rating léase de nuevo, dólares e influencia.

A gobernar se aprende gobernando, de la mano de sabios gobernantes, y buscando el que gobierna mejorar él como persona, ayudar a mejorar a los gobernados y dejarse ayudar por éstos, con ocasión de proporcionar algunos productos o servicios, a cambio por supuesto de unos dólares que permitan seguir haciéndolo. Aunque esta afirmación puede resultar excesivo para un paladar que no distingue el vino añejo de los licores adulterados. Este es el pequeño detalle entre otros que olvidan los que realizan los rankings de Business Schools.

Deflación económica y el estado de la nación

El lector puede ya sentir hiperinflación de cansancio si ha tenido la paciencia de leer hasta aquí. Bien se merece un respiro en la lectura con algo de deflación. Algunos tópicos se están introduciendo y se reciben de modo acrítico como si fueran verdades absolutas:

Que la economía es el único o el principal indicador del estado de una sociedad. Esto es tan falso como pensar que la cuenta bancaria es el único indicador del estado de una persona. Y me dirá alguno que “hay que atenerse a los hechos” y que eso es lo que se puede contar. Quizá, pero resulta entonces curioso que el estado económico de una nación esté cada vez más “contado” según las “expectativas” de algunos no todos los “gurús”. De modo que resulta curioso que la economía nos dice ahora que vamos a ganar más plata en el futuro, si y sólo sí, algunos de los gurus de los que he hablado los que tienen voz en los medios dicen que la economía va a ir mejor. Pues cada vez más las proyecciones económicas se hacen sobre la base de la suma y media de las opiniones consultadas por un periodista de 27 años en un formulario de encuesta vertidas sobre cómo ven el futuro ¿cosa perfectamente cuantificable? de algunos “líderes” empresariales seleccionados no se sabe con qué criterio su sabiduría o el tamaño de su cuenta bancaria. De modo que pareciera que la situación económica depende de con qué pie se han levantado de la cama algunos agraciados con una bola de cristal. “Todo muy científico”, por cierto, como científico es que muchos otros “líderes” empresariales de menor tamaño de “valores” bursátiles y financieros toman sus decisiones de inversión según el criterio de qué dicen los mass media sobre dichas predicciones económicas.

Que alguien me explique todo esta ciencia de la economía y de la gestión, porque el humilde firmante de este artículo no entiende nada. Y por favor, denme razones y tengan la amabilidad de no decirme que esto es “MI verdad”.

Hiperinflación de “democracia y sociedad civil”

Dice un viejo refrán: dime de qué presumes y te diré de qué careces. Y otro decía que cuando se habla mucho de algo es señal de que eso falta, pues a veces los humanos somos tan ciegos que apreciamos más aquello de lo que carecemos, que aquello que tenemos, criterio falso claro está. La democracia no gusta mucho de calificativos. Señala Alejandro Llano que toda democracia apellidada (“popular”, “liberal”, “social”, “real”, “orgánica”, etc.) resulta por ello mismo sospechosa

Y como ha señalado Charles Taylor, la democracia puede focalizarse o bien en la elección (choice) y en la libertad individual, o bien en la participación y el autogobierno. Ambos elementos tienen vigencia, pero el equilibrio entre ambos se ha roto a favor del individualismo de una manera tan drástica que el elemento cívico parece estar olvidándose. Parece que lo que se fomenta, por un lado, es una falsa ética individualista e insolidaria (es lo que transmiten los mass media con la excusa de que “todo es relativo”, y ciertas escuelas de “gestión o administración” que invitan a sus alumnos a ser competitivos por la vía de la insolidaridad estableciendo rankings de alumnos, a la vez que, según dicen, enseñan a trabajar en equipo) y, por otro lado, se quieren fomentar “valores” para que disminuya la “corrupción” porque se piensa que si la gente no roba, la economía irá mejor (motivo sí que lo es, pero no es una razón que tenga nada que ver con la ética auténtica).

Es verdad que en lo concerniente a modelos políticos, no se ha encontrado ni parece que se vaya a encontrar por el momento otro mejor que la pura y simple sin calificativos democracia, basada en la división de poderes, el sufragio universal (aunque en algunos temas como, por ejemplo, el divorcio, también deberían votar los hijos y no sólo los mayores de edad) y los derechos humanos. Pero la apelación a la democracia a todas horas y en todos los niveles conduce a lo que Ortega y Gasset llamó “democracia morbosa”: la politización de la vida civil y la muerte en flor de los empeños ciudadanos, cuya liberación y salvaguarda debería constituir precisamente el gran rendimiento de la propia democracia como régimen de justicia y libertades, es decir, la concepción que concede relevancia pública a las virtudes ciudadanas. ¿En qué consiste esto? Pues me remito a lo que Miguel Ferré viene explicando sobre la responsabilidad del empresariado y sus ideas acerca de hacer negocios en sectores emergentes, buen ejemplo de auténtica democracia, es decir, de democracia sin más.

Hiperinflación de “justicia y cultura”

Sobre la justicia se habla tantísimo que es otro asunto que se echa en falta. Y la corrupción se pretende atacar con comisiones de investigación, cambios legislativos y refuerzo policial. Y puede que haya que hacer algo de todo eso. Pero les cuento una experiencia que vengo teniendo. Estos últimos meses he tenido oportunidad de dialogar en diversas ocasiones con universitarios de diversas universidades. Y me he encontrado con la sorpresa de que al preguntarles qué es amar, no saben decírmelo. Así de simple pero la cosa no queda ahí. Con estudiantes de derecho de diversas universidades, he formulado la pregunta de “¿qué es la justicia?”…

¿Se creerán que no supieron darme respuesta? Pues créanselo. A mí me ha pasado. Hagan ustedes la prueba y luego me cuentan. Uno de ellos más avezado y “leído”, antes de contestarme me pidió con simpática sorna que aclarara si me refería a la justicia para el positivismo jurídico, para el iusnaturalismo o para qué corriente de filosofía del derecho. Le contesté que lo que me interesaba era saber qué es la justicia para él. No hubo respuesta personal, aunque probablemente sí habría sabido darme “la verdad DE alguna de estas corrientes jurídicas”.

¿Qué se enseña en las facultades de derecho acerca de la justicia? Hay chistes de todas las profesiones, también de abogados, pero esta pregunta no es ningún chiste… ¿Nos preocupa la corrupción?

Con la cultura pasa algo parecido. En el inconsciente colectivo cultura no se sabe bien a qué suena, si a un barniz erudito para aderezar una tertulia sobre temas intrascendentes, si un aire de entendido, si el poder decir que se ha leído la última novela promocionada por las editoriales y los medios, si lo que se puede leer en los suplementos “culturales” o programas “culturales” de la Tv (incluida la Tv por cable). Que la gente no lee no es noticia, que los que leen leen poco tampoco lo es. Pero quizá sí sea noticia o debería serlo que quienes leen leen libros que merecen poco la pena.

Hagan la cuenta de cuántos libros han leído este año que acaba. Supongamos que uno por mes (lo cual no es una meta digamos muy competitiva). Si piensan leer durante 50 años de vida, les saldrá que en toda la vida habrán leído 600 libros. ¿Saben que, según las estadísticas, se han publicado alrededor de 60.000 títulos diferentes el año pasado solo en España? España oscila entre el cuarto o quinto país por volumen de publicaciones. Conclusión obvia: hay que elegir muy bien lo que se lee, pues el costo de oportunidad de leer un libro es altísimo.

Pero cómo elegir. Pues vayan a los grandes libros. Por desgracia, los autores y libros que se promocionan en los programas “culturales” y en los mass media no suelen mencionar ni por error ninguno de los 3000 mejores autores que no títulos de la historia de la humanidad. Y muy raramente uno los encuentra en las librerías de los aeropuertos ni en los vendedores ambulantes de la Javier Prado. Es decir, si no han leído habría que añadir, releído a Miguel de Cervantes (El Quijote), Lope de Vega (Fuenteovejuna, El mejor alcalde el Rey), Calderón de la Barca (La vida es sueño, El gran teatro del mundo) , W. Shakespeare (Hamlet, Macbeth, Otelo, etc.), Alexandro Manzonni (Los novios), Charles Dickens (Canción de Navidad, etc.), Fiodor Dostoievski (Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov), Sófocles (Antígona, Edipo Rey, etc.), Platón (Apología de Sócrates, Critón, El banquete, Fedón, Gorgias, etc.) y Aristóteles (Etica a Nicómaco, la Política) por ejemplo, ¿qué están leyendo ustedes o sus hijos?, ¿Revistas o libros de management?… ¿suplementos culturales?…

Me dirán que es aburrido, que son cosas muy antiguas, que están pasadas de moda, que ya no sirven, etc. Claro, el paradigma mental de que lo posterior (en el tiempo) es peor, y que lo moderno (en el tiempo) es mejor. Paradigma que por cierto es ya bastante viejo, y debería pasar de moda pronto.

A los alumnos de la promoción que acaba de graduarse en el Master full time del PAD este año, les invité a leer y a hacer un informe escrito de un libro de una lista de 7. Un tercio de la clase eligió la Ética a Nicómaco de Aristóteles (en una buena traducción pues de este libro hay pésimas traducciones en castellano), que era uno de los siete que les propuse. Me lleve una grata sorpresa al leer su informes. Se lo habían tomado con interés y profesionalidad también los otros 2 tercios que eligieron otros libros, a pesar de que no se jugaban ninguna calificación, y la mayoría expresaba su sorpresa personal: nunca se habían imaginado que un autor de hace unos 26 siglos pudiera escribir con tanta claridad, amenidad, seriedad dando razones, sobre temas de tanta actualidad como los que trata en dicho libro.

Les invito a hacer otra prueba. Lean con sus amigos, hijos, cónyuges, el libro Antígona de Sófocles. Apaguen la Tv de la que tanto nos quejamos y pónganse en casa a discutir el problema ante el que se enfrenta Antígona, y luego me cuentan si a sus hijos les ha interesado o no.

Por sugerencia de algunas personas, en el libro “Gobierno de personas en la empresa” hemos incluido al final una bibliografía recomendada para entender mejor a la persona, a la empresa y el mundo en que vivimos. Por supuesto, nos gustaría que lean dicho libro y mejor si lo compran, pero si alguno quiere la lista sin pasar por la molestia de mirar el libro, se la enviaré con mucho gusto si me la piden. Por supuesto, también, que es MI lista y, por tanto, sujeta a errores, aunque la he contrastado con sabios lectores amigos míos que leen muchísimo más que yo y tienen mejor criterio que el mío.

Para acabar, sabiendo que se quedan muchos asuntos en el tintero, aprovecho para recomendarles algunas paginas web que son pequeñas joyas que pueden encontrarse en INTERNET. Léanlas, subscríbanse (la mayoría son gratis) y coméntenlas con los suyos. Puede que le parezcan discutibles pero les harán pensar y les ayudarán a ser menos presa de la desinformación que nos rodea en tantos temas:

www.hispanidad.com
www.zenit.org
www.interrogantes.net
www.aceprensa.com
www.arvo.net
www.piensaunpoco.com

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