Desinformación: siempre da que hablar y nunca pasa de moda

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Veamos la siguiente historia:

Una niñita de Madrid salió a hacer su primera excursión al campo. Tenía ocho años y sólo conocía la gran capital, y el coche, la carretera y Benidorm en agosto. Se quedaba admirada de todo. Pero su admiración llegó al culmen cuando, entusiasmada, gritó: “¡Mirad, mirad, un dinosaurio!”. No había en ese páramo un anuncio de la película de Spielberg. Lo que estaba mirando nuestra encantadora niña era una vaca. Sí una hermosa vaca. Con su mirada bobalicona, sus cuernos, sus “cuatro patas muy largas que le llegan hasta el suelo —según rezaba la letra de una antigua canción de broma—, sus ubres bien llenas, su rabo para espantar a las moscas… Y así se lo hizo ver con cariño la maestra, quien le explicó que “la vaca era un animal (…) que nos proporciona carne y leche para nuestro sustento…”

Hagamos una pausa antes de continuar con esta historia que, por cierto, no ocurrió realmente —según me contó Gabriel Galdón, de quien la he tomado—, aunque podría haber sucedido. Lo menciono porque al final de los créditos de las películas suele decirse que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Pero, en cualquier caso, coincido con Galdón y me sirvo yo también de la historieta para introducir algunos conceptos sencillos, de modo que, en este caso, cualquier parecido con la realidad está buscado a propósito.

– ¿Qué nos parece esta historia?
– Pues vaya tontería de pregunta: una niña que confunde una vaca con un dinosaurio… y su profesora le explica que es una vaca y no un dinosaurio… Es muy sencillo, a nadie le sorprende que un niño confunda cosas, para eso están los padres y los profesores, que han de enseñarles e ir aclarándole los temas, ¿o no?
– Efectivamente pero ¿es un gran problema que una niña de ocho años confunda una vaca con un dinosaurio?
– Bueno, gran problema no es. A lo sumo, la niña podría estar haciendo el ridículo por confundir esas cosas, pero no tendría mucha importancia pues es fácil de resolver —es lo que está haciendo su profesora— y a una niña pequeña se le pueden disculpar más cosas que a un adulto. Además, esta niña vive en una gran ciudad, y no creo que sea muy crítico para ella saber lo que es una vaca. Actualmente hay niñas que creen que la leche viene del supermercado. Sería más grave si no tuviera claro que antes de cruzar la calle debe asegurarse de que no viene ningún vehículo.
– ¿Qué nos parece la actuación de su profesora?
– Pues está muy bien, ¿acaso no es eso lo que se espera de una profesora? Se ha dado cuenta del error de la niña, le está aclarando que no se trata de un dinosaurio –que no existen realmente– y le explica qué es una vaca.
– Y ¿qué nos parece la información que la profesora está dando a la niña?
– Pues muy bien, ¿qué le va a decir? Le está explicando que una vaca es un animal que proporciona carne y leche para alimento de las personas… Eso es verdad. Además, es lo que una niña de ocho años supongo que debe conocer acerca de las vacas: sobre las vacas se pueden explicar infinidad de cosas pero no se trata de una alumna de veterinaria. Si se tratara de un toro en lugar de una vaca, debería empezar diciéndole que no se acerque porque puede ser peligroso; pero las vacas suelen ser mansas y no embisten.

1. ¿Qué es informar?

Efectivamente, lo que ha hecho la profesora con la niña es informar. Pero ¿qué es informar? Este es un primer concepto que puede sernos útil. Informar, comunicar, es el propósito del trabajo de un periodista, aunque las demás personas también lo hacemos todos los días. Así como el fin del trabajo de un médico es curar, el de un periodista es informar. Y esta profesora también está informando, como todos hacemos también –insisto– cuando nos comunicamos con los demás. En ese sentido, todas las personas son “medios” de comunicación, además de destinatarios de la comunicación: no comunicamos a las piedras sino a las personas; las instrucciones que le damos a una máquina no son propiamente comunicación.

Información es –dice Galdón– la comunicación adecuada del saber sobre las realidades humanas actuales que a los ciudadanos les es útil saber para actuar libre y solidariamente. O de otra manera, una definición más fácil de recordar, con cinco palabras que comienzan con la misma letra “ese”: informar es transmitir una Síntesis Significativa de un Saber al Servicio de la Sociedad (Galdón).

¿Ha informado nuestra profesora de lenguaje? Nuestra profesora ha transmitido un saber, en este caso, sobre las vacas: por supuesto un saber verdadero, porque si no fuera verdadero no se trataría de un saber y confundiría aún más a la niña. Además, puesto que no le quedaba más remedio, ha elaborado una síntesis —las vacas dan leche y carne– de lo que ella sabe sobre las vacas. Seguramente, la profesora sabe mucho más sobre las vacas, aunque no sea zoóloga, pero no puede contar todo lo que sabe, aunque solo sea por razones de tiempo. También ha transmitido la síntesis que ella cree significativa para su alumna: es decir, una síntesis que su alumna pueda entender –la niña bebe leche y come carne– y que le resulte de utilidad, que le ayude a andar mejor por la vida: al servicio –que le sirva– de la sociedad –destinataria de la información, en este caso esa alumna–.

2. ¿Qué es desinformar?

Vamos a dejar las vacas para más adelante. Supongamos que a la niña de nuestra historia quisiéramos informarla ahora sobre las manzanas: otra realidad que no es cercana a los humanos como las vacas, y que a la niña le puede ayudar a andar por la vida de una buena manera.

Deberíamos transmitirle la síntesis significativa de lo que sabemos sobre las manzanas que a la niña le sirva saber. Es decir, habría que explicarle con un lenguaje que la niña pueda comprender que las manzanas son frutas comestibles, muy sanas, etc. Aunque he de confesar que el autor de este escrito no es amigo de las manzanas.

Ahora bien, si en lugar de transmitirle eso, le contamos muchas cosas sobre las manzanas como, por ejemplo, que las hay de diversos tamaños, que adoptan variadísimas tonalidades y colores, (…) que a veces algunos pintores las han pintado en sus cuadros, le explicamos la composición química de las manzanas, … afirmaciones todas ellas verdaderas, como también es verdad que no son del agrado del autor de este escrito; es decir le contamos muchas verdades sobre las manzanas pero no le decimos que se trata de una fruta comestible, ¿qué ocurre?

Pues puede ocurrir que la niña se canse de tantos datos o, al contrario, que le parezca muy interesante y amena la explicación, pero este no es el punto importante. Lo importante es que quizá la niña piense que está informada sobre las manzanas, cuando en realidad desconoce lo esencial que a ella le resultaría útil conocer: que se trata de una fruta comestible.

Indudablemente, conoce verdades sobre las manzanas, si ha entendido la explicación, pero desconoce la verdad tal vez más importante para ella.

Pues bien, la niña está desinformada sobre las manzanas: cree que sabe pero está peor que antes de la explicación, cuando quizá no supiera nada sobre las manzanas. Si antes le hubiéramos preguntado sobre las manzanas, ella nos podría haber dicho que no sabía nada. Consciente de que no sabe nada, en el caso de que pensara que necesita ese conocimiento se habría puesto a preguntar, a investigar. Pero, tras la supuesta información que ha recibido, resulta que desconoce lo que para ella sería relevante sobre las manzanas; de modo que está peor que antes. Es mejor ser consciente de que no se sabe algo, que estar convencido de que se sabe cuando es falso lo que se sabe. Es mejor ser consciente de desconocer lo que es relevante conocer que estar convencido de que ya se sabe lo que se necesita saber. La conciencia de la propia ignorancia es mejor que la ignorancia inconsciente. Darse cuenta de que no se sabe es un punto de partida para empezar a saber.

La desinformación ocurre cuando parece que hay información pero en realidad no se está transmitiendo esa síntesis significativa —de un saber— que sirva a quien se está supuestamente informando. Desinformar, por tanto, es transmitir un saber superficial, parcial, inútil, o insignificante e irrelevante.

Obviamente, la desinformación es peor si se trata de falsedades. Pero no es suficiente conocer verdades sobre las manzanas si esas verdades no son las relevantes que uno necesita. Puedo estar desinformado a pesar de que las cosas que sé y transmito sean todas verdaderas. Por ello, es importante darse cuenta de que no es suficiente decir verdades a la hora de informar, como veremos más adelante.

La persona desinformada, por tanto, desconoce lo verdadero y esencial de algo, está en el error, o tiene confusión sobre lo que necesita y le es útil para actuar libre y solidariamente.

No es deseable estar desinformado. La importancia de estar desinformado dependerá de la mayor o menor importancia del tema de que se trate. Si nuestra niña de ocho años piensa que sabe mucho sobre las manzanas —desconociendo lo esencial (que es una fruta comestible)— quizá no sea muy grave para ella, como tampoco lo sea quizá que confunda una vaca con un dinosaurio, o un colibrí con un canario. Más grave sería que estuviera desinformada sobre otros asuntos más vitales para ella: por ejemplo, más grave sería si confundiera la gaseosa con la lejía.

3. ¿Qué es manipular?

Manipular es un asunto más serio. Manipular es desinformar de modo consciente con la intención de engañar, tratando que la persona a la que se quiere manipular termine pensando que sabe cuando en realidad desconoce, al modo de ver del manipulador, lo que le ayudaría a actuar con más libertad y solidaridad.

La diferencia entre manipular y desinformar consiste en que quien manipula es consciente de que está desinformando y lo hace adrede: quien manipula lo hace con mala intención. No quiere informar, no quiere ayudar a la persona a la que se dirige sino todo lo contrario, aprovecharse ilegítimamente de ella de alguna manera.

Por el contrario, quien desinforma piensa que está informando bien —aunque esté equivocado—: no se da cuenta de que está desinformando. Quien desinforma no tiene la intención de desinformar: actúa con la buena intención de informar; si no logra informar bien no es porque él no quiera hacerlo, sino por otras razones, que también examinaremos.

Desinformar es parecido al médico que tiene la intención de curar al paciente, y pone todo su saber y los medios de que dispone al servicio de la persona a la que atiende, para ayudarla. Pero le aplica un tratamiento que no es el más adecuado —aunque él crea que sí— y el paciente o no se cura, o no se cura de la mejor manera: más rápido, con menos molestias, ahorrándose visitas al médico, pruebas, gastando menos en medicinas, etc.

Manipular es parecido a lo que haría un médico desaprensivo que quiere aprovecharse de su paciente: quiere cobrarle en exceso, o hacer experimentos sin el consentimiento del paciente, o sin que a éste le vayan a ayudar a tener mejor salud, le alarga el tratamiento, receta medicinas por las que él gana comisiones en lugar de otras que —siendo igualmente eficaces y probadas— son más económicas, hace pruebas que innecesarias, etc. El caso más grave sería el del médico que usara sus conocimientos para hacer un daño injusto o asesinar.

¿Por qué se manipula? Para usar de modo abusivo a los demás. Manipular es tratar a las personas como si fueran solo cosas, recursos: cosas o animales. La manipulación puede hacer daño a las personas: mayor o menor daño, dependiendo del tema de que se trate.

¿A alguien le gustaría ser manipulado? Pues pareciera que no. La mayoría de las personas no queremos que nos traten como cosas –eso es manipular– sino como personas, no queremos que nos hagan daño. Queremos que nos traten de la misma manera, al menos, que le gustaría que le tratasen a quien nos trata así. Si vamos al médico agradecemos que el médico nos atienda de la misma manera que si él fuera el paciente quisiera que le atendieran; el mínimo que exigiríamos sería lo que el mismo médico no quisiera, al menos, que le hicieran.

¿Es fácil manipular? No es sencillo manipular precisamente porque las personas tratamos ordinariamente de evitar que nos manipulen o nos tomen el pelo. Puede ser tan difícil como tratar de agarrar un pez con las manos. Es tanto más difícil cuánto mejor formada esté, cuanto más sabia sea la persona a la que se trata de manipular. Por ello, uno de los mensajes que quiero transmitir es la importancia de ser conscientes, en primer lugar, de que como hay manipuladores es conveniente, por tanto, estar precavidos y tratar de inmunizarse: uno se inmuniza formándose bien, al menos, en los temas más importantes para ser más libres y más solidarios, como veremos.

Quien manipula, por tanto, trata de hacerlo sin que se note. La manipulación se oculta, se disfraza usando diversas técnicas con apariencia de información –de protegernos contra las “fake news”, de servicio al bien común, etc.–, siendo persuasivo, verosímil, pero tergiversando la realidad, distrayendo de lo importante y esencial: algunas técnicas las veremos más adelante.

¿Es fácil evitar la manipulación? A veces no es fácil evitar que nos intenten manipular: este libro intenta ayudar en ello. Pero por parte de quien lo hace no es tan difícil: basta con no querer hacerlo y no hacerlo de hecho. Pues, por suerte, nadie manipula sin darse cuenta. Puedo estar desinformando sin ser consciente de que desinformo —confío no estar desinformando al escribir esto—, pero es imposible manipular sin darse cuenta de lo que se está haciendo; precisamente porque lo específico de la manipulación es la mala intención, y todo el mundo es capaz de darse cuenta de la intención con que hace algo: basta que reflexione un momento sobre ello.

¿Es fácil distinguir cuándo se trata de desinformación y cuándo de manipulación? Como la diferencia estriba en la intención de quien lo hace, no es nada fácil saberlo. Para afirmar que alguien está manipulando es preciso conocer la intención con que hace lo que hace. Pero es difícil conocer la intención con la que una persona actúa.



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Termino sugiriendo dos videos: en el primero, que es muy breve, Gabriel Galdón da las pistas sobre esta cuestión. En el segundo expongo yo estas cuestiones con mayor amplitud:

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Video: economía y ética en la práctica directiva

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El video adjunto contiene una exposición sobre la relación entre la práctica directiva y la filosofía y las ciencias. El asunto presenta muchas ramificaciones como podrá apreciarse. Intento mostrar el tronco, las ramas y las principales miradas.

Dependiendo de cada quien, el mayor o menor interés podrá dirigirse por uno u otro lado

Se trata de cómo integrar en la práctica directiva y en la teoría la economía, la ética y la sociología. Pero también se podría formular de otras maneras como puede verse en el ppt que usé en la presentación, y que adjunto. Echándole un vistazo podrá uno discernir si le interesa o no ver el video.

La presentación la hice a un grupo de personas interesados en el pensamiento de Leonardo Polo acerca de la economía y la empresa.

Se trataba de presentar el contenido de un artículo publicado el 2020 sobre la teoría general de sistemas de Juan Antonio Pérez López, que ayuda a entender su preocupación, compartida por Polo, acerca de la relevancia social del humanismo, para que no se quede, digamos, en las nubes.

A continuación puede verse el video en el siguiente link.

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La regla de tres de la dirección

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La regla de tres es una herramienta muy útil para muchas cosas.

¿Conoce mi equipo directivo cómo actuar cuando alguien no hace lo que debe?

Creo que también a la hora de dirigir hay que dominar unos criterios tan elementales como la regla de tres.

Hay que saber qué hacer cuando alguien no hace lo que debe, cuáles son las posibles causas y qué tratamiento aplicar según el diagnóstico. Es tan este procedimiento elemental que hace ya tiempo le denomino “la regla de tres de la dirección”.

Me sorprende cuando incluso directivos de alto nivel y experiencia encuentran dificultades para manejar la lógica de intervención. Especiales dificultades encuentran cuando se trata de entender el orden lógico de diagnóstico.

Es más crítico además, porque la lógica de intervención es análoga cuando la pregunta es “¿Qué hacer cuándo la organización no funciona como debe?”. De modo que ¿manejará bien una empresa quien ni siquiera tiene claro cómo proceder cuando es una persona la que no funciona como debería?

Son cuestiones que abordo en mi libro “Cómo mandar bien: consejos para ser un buen jefe“, sobre el cual trata el seminario “El ABC del mando”.

Creo que si se desea buscar la excelencia en la organización, hay que volver a lo básico, y asegurarse de que todo el equipo de mando de la organización sepa y aplique con soltura “la regla de tres de la dirección”.

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Empresas recomiendan el “ABC del mando”

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Armando Pareja (IncaRail), Lucero Vergara (Laboratorios Bagó), Pablo Reátegui (Pandero), Luciana Bisso (San Fernando) contrataron y recomiendan el curso “ABC del mando” y libro “Cómo mandar bien“. Mi agradecimiento por animarme a seguir trabajando para ayudar a mejorar la práctica directiva.

Armando Pareja, General Manager de Inca Rail

“Decidí que todo el equipo de líderes de Inka Rail siguiera el “ABC del mando”.


Me alegró mucho encontrar este seminario porque no había ubicado algo que me permitiese transmitir a mi equipo el concepto de dirección de una forma concreta, fácil de entender, eficaz.


Después, he comprobado que la inversión en este seminario ha resultado muy rentable, por las siguientes razones:


Me ha ayudado a lograr algo muy importante para mí: que los jefes tengamos claro qué, cómo y por qué pedir algo a algún colaborador de la empresa.


Para ello es necesario entender si el colaborador puede, sabe y quiere hacerlo y, en cualquier caso, qué hacer cuando algo de ello no ocurre. Coincido con Manolo Alcázar cuando dice que esto es “la regla de tres de la dirección”; concepto que lamentablemente no es muy difundido en la formación directiva.


Ha sido de gran ayuda también porque ha proporcionado una base común de conocimiento a los niveles de supervisión y dirección de la empresa. Tras el seminario, he constatado que me es mucho más fácil alinear juicios y valoraciones sobre el desempeño, y sus causas, de los colaboradores; además nos ha permitido desarrollar un sistema de evaluación de desempeño basado en esos principios.


Recomiendo vivamente el seminario, y que estudien el libro “Cómo mandar bien”

Lucero Vergara, gerente general de Laboratorios Bagó

Las personas somos quienes logramos los objetivos de la organización. Una persona desmotivada puede disminuir su rendimiento, arrastrar consigo la productividad del equipo y la de la empresa. Retirando a esta persona de la Organización ¿habremos terminado definitivamente con el problema?


“El Colaborador no renuncia a la Empresa sino al Jefe”, y se sabe que el mal liderazgo motiva más del 50% de las renuncias. Si el jefe no dirige adecuadamente a los colaboradores se perderá la iniciativa, el cuestionamiento, nos volveremos más lentos, con menor capacidad de respuesta para la satisfacción de nuestros clientes, nos arriesgaremos a perder un valioso colaborador, y la inversión de su curva de aprendizaje, y ocasionaremos un impacto negativo en la organización y probablemente incluso fuera de ella.


El PAD es una Escuela orientada hacia la Persona, inicio y fin de la misión de nuestras organizaciones, y busca trasmitir, de manera práctica gracias al método del caso, el conocimiento necesario para “mandar bien”. El Profesor Manolo Alcázar juega un papel muy importante en este sentido: ejercita nuestro pensamiento con preguntas retadoras: ¿puede, sabe, quiere? Sencillas preguntas que uno se salta por la supuesta “experiencia que ya tenemos”, por la presión para decidir rápido, o probablemente por no querer simplemente cuestionar nuestros “dogmas empresariales”.


“Cómo mandar bien: consejos para ser un buen jefe” es un libro breve, ameno, que va a la esencia de la direccion y constituye un revulsivo que nos ayuda eficazmente a repensar y mejorar nuestra tarea como jefes. Sobre ese libro gira el “ABC del mando”, que dicta Manolo Alcázar.


Todo el equipo directivo de Laboratorios Bagó asistimos a este seminario. Nos ha servido para que entendamos que la gestión de personas depende de todos nosotros, logrando así ampliar la autoridad en la búsqueda del desarrollo profesional y personal de nuestros colaboradores, la alineación de la cultura y una mejor consecución de resultados.


Recomiendo sin dudar el seminario y el libro de Manolo.

Pablo Reátegui, gerente general de Pandero

“El curso “ABC del mando” sirvió para que todo el equipo directivo de la Pandero diera una mirada breve pero muy completa acerca de las complejidades que el quehacer directivo comprende. Fueron muchas horas dedicadas a analizar decisiones directivas reales en profundidad, desde diversos ángulos, de manera que sin duda, contribuyó con el desarrollo de todo el equipo. Y para los nuevos líderes, pienso que fue fundamental que tuvieran esa oportunidad de profundizar acerca de su rol de dirigir gente.

El libro “cómo mandar bien” es una guía muy práctica que resulta de mucha utilidad como consulta y como complemento del seminario “ABC del mando”. La organización de los temas y la forma como se abordan, hacen simple asuntos complejos, por lo que seguramente, muchos lo mantendremos a la mano.”

Luciana Bisso (Gestión y Bienestar de San Fernando S.A.)

Los directivos que contamos con una larga experiencia liderando equipos, tendemos a creer que ya sabemos todo sobre cómo dirigir o mandar personas. Sin embargo, eso cambia cuando escuchamos una clase o leemos un libro de Manolo Alcázar; nos damos cuenta de que nos queda aún mucho por aprender.

Es importante que los líderes, los directivos y los gobernantes interioricen los conceptos que se escuchan en el ABC del mando, y en el libro “Cómo mandar bien”. Podríamos no solo ser mejores líderes, sino también formar líderes aún mejores.

En San Fernando, nos dimos cuenta hace tiempo de la importancia de esto y va siendo ya un grupo numeroso el de nuestros gerentes que, al igual que yo, han pasado por las aulas del ABC del mando, que dicta Manolo en el PAD para así formar líderes de calidad. 

Las próximas ediciones del seminario comenzarán en febrero de 2021:

Grupo 1:
Jueves 25 de febrero, 04, 11 y 18 de marzo de 5:00 p.m. a 8:30 p.m.

Grupo 2:
Sábado 27 de febrero, 06, 13 y 20 de marzo de 9:00 a.m. a 12:30 p.m.

Ya son cerca de un millar los directivos que han seguido este seminario. Y varios miles los ejemplares vendidos del libro en Perú, España y en Amazon internacional.

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“Aprendizaje y eficacia en las organizaciones”

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Con gran alegría he recibido la noticia de la publicación de un nuevo libro por parte de la editorial Pearson.

Antes de exponer el contenido, quiero agradezco a los editores de tan prestigiosa editorial la apuesta realizada con esta publicación. Se trata de mi tesis doctoral que tenía el título “Las decisiones directivas: una aproximación antropológica al logro de aprendizajes positivos en las personas y en las organizaciones”.

La tesis fue defendida en el Instituto Empresa y Humanismo, Universidad de Navarra, en 2010, y obtuvo la máxima calificación por unanimidad de los 5 miembros del tribunal, presidido por don Rafael Rubio de Urquía.

Agradezco de manera especial a mi director de tesis, don Miguel Alfonso Martinez-Echevarría.

Viene siendo usada como texto de estudio en algunos programas como por ejemplo, la Maestría en Gobierno de las Organizaciones (MGO) del PAD. Es parte del contenido de estudio del curso “Modelo Antropológico I”.

Debido a dificultades añadidas por la pandemia, por el momento está disponible solo en versión digital, ebook.

El sentido de esta obra responde a lo siguiente. Las organizaciones mejoran cuando mejoran las decisiones de quienes las gobiernan, dentro de lo que permita el entorno. Y esto es muy importante, pues el mundo mejora cuando mejoran las organizaciones que lo componen: una buena organización contribuye a la satisfacción de necesidades humanas: las corpóreas y psicológicas, las cognoscitivas y las afectivas. Y un buen directivo es solucionador de problemas.

Pero tanto las personas como las organizaciones corren el riesgo de deterioro, causado a veces por el aprendizaje negativo. Por ello, es clave detectar este riesgo, aprender a evitarlo, y comenzar a fomentar un aprendizaje positivo tanto en las personas como en la organización. De ello, depende también la sostenibilidad de la eficacia en el tiempo.

El aprendizaje es el hilo conductor del libro. Toda decisión deja una huella positiva o negativa en la organización y en el decisor. Los buenos directivos logran los resultados consiguiendo aprendizajes positivos en ellos mismos y en la organización.

De todo ello trata este libro, de enfoque interdisciplinar. Presenta la necesidad de que los directivos cuenten con una mejor comprensión de la realidad que ellos manejan: el ser humano y la organización; una comprensión que incluya la posibilidad de aprendizajes. Propone una síntesis del saber sobre ambas realidades que pueda ser útil para que los directivos tomen, si quieren, mejores decisiones directivas al servicio de las organizaciones por ellos gobernadas. Constituye por tanto una gran ayuda al buen criterio a la hora de decidir. Puede considerarse un manual de fundamentos de la dirección de organizaciones, en tanto que formadas por personas.

En el siguiente cuadro se puede comparar el contenido de este libro con el de los títulos publicados en la colección “Personas y Organizaciones“:

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El ABC del mando: las claves para mandar bien

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El Seminario ABC del mando ofrece las claves fundamentales para ser un buen directivo. Ya lo han más de medio millar de directivos. También ha sido contratado por varias empresas para impartirlo a sus equipos gerenciales.

Este año 2020 llevo impartidas tres ediciones y próximamente ofreceré abriré dos grupos en modalidad on line. Un grupo 4 jueves por la tarde, y otro 4 sábados por la mañana.

Combinamos la discusión de casos, con coloquios sobre el libro “Cómo mandar bien: consejos para ser un buen jefe”

¿Cómo surgió la idea del libro?

Me iba dando cuenta de que una serie de errores básicos se repetían con frecuencia, de modo que me puse a escribir para ayudar a evitarlos.

Me sorprendía especialmente las dificultades de los directivos para saber responder algo elemental: ¿Qué hacer cuando las cosas no caminan como deberían caminar? ya sea en el comportamiento de un empleado, o, análogamente en el de una organización. Las dificultades aumentaban cuando se trababa de distinguir los diversos tratamientos y, lo que quizá es más delicado y crítico, el orden a seguir para realizar el diagnóstico.

Esas primeras páginas terminaron siendo el libro “Cómo mandar bien: consejos para ser un buen jefe” a la venta en librerías en Perú, en Amazon, y ha sido publicado también en España por la prestigiosa editorial Rialp.

Viene teniendo una generosa acogida por ya varios miles de lectores. Y algunas empresas lo han adquirido para sus mandos.

A quienes les pueda interesar, serán bienvenidos.

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Magnífica obra: “el hombre como persona: antropología filosófica”

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He terminado de leer un libro magnífico, de Juan Garcia Gonzalez: El hombre como persona: antropología filosófica, (Madrid, 2019) publicado por Ideas y Libros Ediciones.

Hoy en día creemos saber muchas cosas, pero me temo desconocemos algo esencial: qué somos los seres humanos.

Tenemos una asignatura pendiente en los programas de estudios de educacion básica, universitaria y de postgrado: no se estudia al ser humano. Considero que ahí tienen su origen problemas en la convivencia, y aun peor en la dirección de las organizaciones.

El mundo necesita que las organizaciones sean mejor dirigidas y para ello es necesario que los directivos estudien adecuadamente al ser humano. Desde luego que todos necesitamos comprendernos, pero es una necesidad especialmente crítica en quienes dirigen a otras personas. Si me disculpan la cuña publicitaria, esta es una de las razones por las que desde hace unos años en el PAD ofrecemos la Maestría en Gobierno de Organizaciones, cuyo propósito es ayudar a los directivos a ser mejores tomadores de decisiones. Para ese propósito se les ofrece una síntesis del conocimiento sobre el ser humano que les resulte de ayuda para dirigir mejor.

Juan Garcia es profesor en dicha Maestria desde hace ya varios años, dictando cursos de teoría del conocimiento y antropología filosófica.

Pero lo que me propongo ahora es una breve presentación de uno de sus libros que me parece magnífico. Me parece magnífico por muchas razones, que enumero a continuación, dejando para el final lo que no me ha gustado.

La primera de ellas es que se puede aprender mucho sobre el ser humano con este libro. El contenido es fantástico. Y estoy con ganas de decir que es el mejor libro de antropología que he leído hasta la fecha. Primero por el contenido, segundo por lo que sigue además:

Es breve. Va al grano, no distrae. El carácter sintético, esquemático, me ha resultado muy útil. Hay otros buenos libros de antropología filosófica pero sin esta cualidad. Añade al final un listado de bibliografía recomendada que también es muy útil.

Es muy claro y didáctico. No va dirigido a filósofos sino a un público general, de nivel universitario, aunque pueda costar a lectores no familiarizados con la temática. Es muy ordenado, como lo son también las clases que el autor brinda a directivos.

No se dedica a repetir lo que otros dicen. Al menos a mí me ha ayudado a entender mejor muchas cosas. Se nota que es una obra madura fruto de muchos años de pensamiento fructifero, y de muchos años de enseñanza, a estudiantes de la carrera de filosofía.

Pero se nota también su esfuerzo por facilitar la comprensión a quienes le escuchan, especialmente cuando no son profesionales de la filosofía. Decía Ortega, que “la claridad es la cortesía del filósofo”. Juan ha sido muy cortes al escribirlo y a escribirlo con tanta claridad.

Es muy completo. No deja sin tratar ninguna dimensión del ser humano, desde la corpórea hasta la intimidad, desde sus manifestaciones externas en la cultura, hasta el destino tras la muerte. Destaco algunas de las que aparecen en el índice:

La persona corpórea: el habitante del universo; la intimidad abierta al futuro, la vida de la persona como un añadido creciente.

La persona que vive en el mundo y en la historia: el cuerpo, expresión natural de la persona. La infancia: crecimiento y aprendizaje. El uso de la razón y la edad adulta.

El yo y la persona, la inteligencia y la voluntad. El lenguaje, el bien y el mal, el crecimiento, los afectos y las emociones.

La cultura humana: teoria y práctica; la inserción en la historia: el derecho; la organización el espacio y el tiempo: técnica, ética, arte y belleza; el sentido del trabajo: la política, la economía y el dinero, la sociedad; el legado de la conducta humana: la historia y el pasado, la historia y la libertad.

La persona tras la muerte. Explicación de la muerte, la metahistoria. El éxito y el fracaso de la coexistencia personal: la aceptación previa al encuentro, la culminación, la elevación a plenitud o la frustración del coexistir.

Encontrar de manera sintética las claves de todas esas cuestiones es un gran valor que aporta esta obra, y que la convierten en un libro de referencia, aunque no tenga pretensiones de manual. No es desde luego y por suerte, un libro lleno de citas y referencias a autores diversos. Pero es para tenerlo cerca, y releerlo, y estudiarlo.

No sigue la moda. Presenta sin pudor la relación de la persona con Dios, esa persona que libremente ha decidido que uno exista. Aborda la dimensión religiosa, pero es un libro de filosofía, no un libro de antropología teológica ni cristiana. Con todo el autor es católico y aclara su posición al respecto en una muy elocuente nota final titulada “nota sobre antropología filosófica y cristianismo”. Ahí señala las diferencias patentes entre antropología filosófica y cristianismo; diferencias que “no sientan una incompatibilidad”, “porque son compatibles la búsqueda que lleva a cabo el ser humano y la salida del hijo de Dios a su encuentro”. Para apreciar mejor esta diferencia sugiero echar un vistazo al indice de un libro de antropología teológica; recomiendo uno magnífico de Juan Luis Lorda.

Hay quienes piensan mencionar a Dios es salirse de la filosofia y entrar en la teología. Un buen antídoto es leer este libro y leer un libro de antropología teológica, y comparar.

Aunque a mi me parece secundario, pues el fin es más importante que los medios, este libro es también muy interesante en este caso este carácter secundario, porque es un magnífico acercamiento a la propuesta antropológica de Leonardo Polo.

Me ha gustado mucho el diseño del libro, con la magnanimidad de incorporar numerosas ilustraciones de Leonardo da Vinci, en la portada y en los interiores.

Dije que dejaba para el final algo que no me ha gustado: el tamaño de las páginas; no es tamaño usual para un libro, pero habría preferido yo al menos que fuera un formato más usual.

Pd. Ojalá que se anime la editorial a ofrecerlo también en Version digital. Por el momento, está disponible en la web de amazon.es

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Introducción a la Teoría General de Sistemas de Juan Antonio Pérez López

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Contento de que me hayan publicado un paper académico sobre el modelo antropológico de Pérez López.

Se titula Introducción a la Teoría General de Sistemas y lo pueden encontrar en este link de Studia Poliana. O lo pueden descargar haciendo click aquí:

Es un poco denso. Para los interesados en los paradigmas que subyace a las teorías de management y del liderazgo. Es una introducción que ayuda a comprender lo que pretendió Juan Antonio Pérez López y por qué Leonardo Polo lo consideraba tan relevante.

Avance hacia la integración de los criterios económicos, sociológicos y éticos en la práctica directiva. Relevancia práctica del humanismo.

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Ética en la gestión (entrevista de Lilian Zapata a Manolo Alcázar)

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                    REVISTA IMAGEN Y COMUNICACIÓN - ENERO 2020

Ética en la gestión empresarial

“APRENDO A CONDUCIRME MEJOR POR LA VIDA O ME DETERIORO COMO DECISOR”

Cómo impactan mis decisiones libres en mi libertad

Entrevista a Manuel Alcázar, Catedrático de la Escuela de Negocios del PAD

El hombre tiene la facultad de usar su libertad para el bien o para el mal. La ética estudia las acciones libres de las personas y su repercusión en su felicidad, haciéndolo mejor o peor decisor. Conversamos con Manuel Alcázar, profesor principal del PAD, Escuela de Dirección de la Universidad de Piura, y autor de diversos libros entre ellos: Cómo Mandar Bien, Gobierno de Personas, el Octógono, que forman parte de la colección Personas y Organizaciones. Alcázar en la siguiente entrevista profundiza sobre la ética
y la importancia de saber manejarse en la vida aprendiendo primero a autogobernarse.

Cuando hablamos de ética como parte de la gestión empresarial, ¿cuál es el punto central que enfatiza?

La ética es una de las disciplinas que estudia las acciones humanas. Su foco son las acciones libres de las personas y cómo impactan esas decisiones libres en mí como decisor, en relación a mi felicidad. Este es el punto central de la ética. Cuando yo actúo libremente mal me hago malo, ¿y qué quiere decir que me hago malo? Me hago peor decisor. ¿Qué quiere decir que me hago peor decisor? Que voy a difrutar menos de la vida, de las cosas buenas de la vida.


¿Se está entendiendo que si soy un mal decisor, desde el enfoque ético, voy a hacer infeliz o menos feliz como directivo?


Lo que estoy diciendo es preciso hoy en día recordarlo; desde luego que no son ideas mías, porque todo lo que digo es copiado de pensadores sabios. Llevo muchos años dictando el curso de ética en el MBA y cuando a veces le pregunto a los directivos ¿qué es la ética?, me dicen cosas muy pintorescas.

¿Qué dicen?


Dicen: “la ética tiene que ver con normas, procedimientos”. Pregunto, ¿de dónde salen esas normas y esos procedimientos? “Bueno, no sé depende de la cultura, de la religión, de la historia, de la época”. Y ¿para qué sirven? “No sé pero malogran la fiesta porque parece que todo lo que es rico o es pecado o engorda.”

Otro empresario me decía: “no se le puede hablar de ética a los empresarios, si no quieres que se vayan corriendo”. Entonces me pregunto: ¿qué idea tendrán de la ética? Bueno, eso tiene poco que ver con
lo que yo entiendo por ética, es decir, cómo impactan mis decisiones sobre mi mismo como decisor.

Es como manejar el carro, si yo aprendo a conducir bien el carro voy a ir mejor, puedo llegar adonde quiera. Si no sé manejar el carro, voy a terminar en un taller o a la mitad de la carretera y perdido con todo el mundo gritándome porque no sé manejarme. Entonces, lo más importante para disfrutar en la vida es saber manejarme. Saber manejarme supone un aprendizaje previo, y ese es el aprendizaje ético, aprender a decidir, a gobernarme. No puede haber buen gobierno si no hay autogobierno, no puede haber buena dirección sino hay autodirección; ese es un aprendizaje distinto de aprender finanzas o aprender ingeniería. Esto se aprende. El músculo se adquiere haciendo esfuerzo físico, yendo al gimnasio. El aprender a dirigirme se aprende cada vez que tomo una decisión libre. ¿Qué beneficio tiene esto para la empresa? Muchísimo. La ética es súper rentable para las organizaciones, no necesariamente para el directivo, para el directivo puede ser más rentable coimear, sobornar, estafar y, si sale “airoso” ganar un montón de dinero.


¿Cómo los directivos vienen entendiendo que la ética es más rentable para las organizaciones?

Lo entienden bien. Si en una organización yo tengo gente que sabe autodirigirse, que sabe decidir bien, que están identificados con la organización, con el propósito, van a contribuir mucho más y mejor a la organización con independencia de los controles que pongo sobre ellos. Entonces, van a poner al servicio de la empresa sus talentos, y esa organización va a ser muchísimo más eficaz, eso es indudable.

Hay varios ejemplos de corrupción convertidos en casos de crisis, directivos que delinquieron pero sin embargo están libres.

No están en la cárcel, pero se han deteriorado como decisores y eso va a tener un impacto en sus satisfacciones afectivas. Se están incapacitando para disfrutar de las cosas interesantes de la vida. Repito, la ética es súper rentable para la empresa, sin embargo hay gente que se salta la ética porque le atrae mucho el poder, el dinero, y piensa que puede ganar y salir airosa en la imagen pública.


Pero más interesante que la ética de lo extraordinario, es la ética de lo cotidiano: hacer bien mi trabajo diario, con responsabilidad. Dar una buena atención a mis subordinados, a mis clientes, a mi esposa, a mis hijos. Ir ganando autogobierno en el día a día


Así es, en todos esos ámbitos. Todo el tiempo tenemos tesituras en las cuales uno siente: “Bueno me dejo llevar por la flojera, me dejo llevar por la envidia… o digo ¡no¡”. Esas son las micro decisiones. Ahí es donde uno crece o se deteriora éticamente hablando, ahí es donde mejoras como persona o te deterioras. Ahí es donde uno va ganando en capacidad de autogobierno o lo contrario. ¿Por qué hay gente que termina corrompiéndose? Porque no ha tenido la capacidad de sobreponerse a una tentación que se le ha presentado. ¿Por qué no tiene esa capacidad? Porque no la ha cultivado en sí mismo.

Si a mí me ponen a jugar rugby americano, me van a destrozar en el primer encontronazo porque no tengo la fuerza para chocar con un tipo de 90 kilos que viene a toda velocidad, y me pasa por encima. Entonces, cuanto más poder tiene una persona es cuanto más autocontrol requiere y si no ha cultivado ese autocontrol le van a pasar por encima.


¿Por qué está tan ausente esta gobernanza personal, igual ética?

No sé, creo que no está en el mapa mental de mucha gente. Luego hay mucha indignación; si alguien mete la pata se magnifica, se le crucifica, pero… todos metemos la pata. Si no…, quién no se haya equivocado que arroje la primera piedra. La ética no trata de ser perfecto.

Pero sí de perfeccionarse.

Sí, trata de perfeccionarse. La ética de lo que trata es de cómo puedo ir mejorando, porque la ética no está para juzgar a los demás. La ética está para ayudarme a juzgar mis propias acciones libres, para ayudarme a mejorar como decisor y por ende, ayudarme a ser más feliz.


¿Por qué cree no está presente la visión de la ética en el discurso habitual, en lo cotidiano?


Algunos alumnos me lo han dicho. La gente no ha descubierto que existe una ciencia de la felicidad, una lógica de la felicidad, una lógica de la libertad; y esa lógica de la felicidad y la libertad tiene un nombre muy antiguo, una ciencia que se llama ética, que es distinta de la mecánica, o de la química, o de la psicología, o del derecho, o de la estética. La ética tiene una lógica, una racionalidad.


Lo decía Sócrates, sostenía que la ética tiene que ver con la razón y la virtud y que ambas son indisolubles.

Sócrates es uno de los descubridores de esto y plantea este tema. Es decir, ¿por qué yo debo seguir las normas éticas? La ética tiene tres ingredientes: las normas éticas, la libertad y las satisfacciones. Para comprenderla bien hay que integrar estos tres elementos. Hay que cumplir las normas morales precisamente porque me conviene. ¿En qué me conviene? Por las satisfacciones más satisfactorias que puedo alcanzar.


El comportamiento ético es comportamiento racional. Pero ser capaz de actuar racionalmente no es un punto de partida sino de llegada. La capacidad de actuar racionalmente no es innata, hay que ir adquiriéndola, ha de cultivarla cada uno en sí mismo. Si no la has cultivado, es en algo parecido a los músculos. ¿Por qué éste levanta 200 kilos y yo no? Porque éste ha ido cultivando su musculatura y yo no.


¿En dónde ubica a la conciencia en este comportamiento ético?

La conciencia es mi mirada sobre mis acciones libres. La ética no es lo más importante, lo más importante es la persona. La ética esta al servicio de la persona, no la persona al servicio de la ética. Es la persona la que mira sus acciones. Para comprender la ética y su sentido hay que comprender a la persona. Y esto es otro tema ausente. No sabemos qué es un ser humano.

Cuando hablamos de ética en la gestión empresarial, ¿cuál es el feedback que recibe de sus alumnos que son directivos?

Hay personas que se sorprenden y dicen: “Yo ni sabía que había una aproximación o una ciencia de la felicidad o la ética. Yo no lo había escuchado antes y escucharlo me parece muy interesante”. Otros dicen que esto debería enseñarse en el colegio, en la universidad. Un alumno me dijo una vez: “Lo que pasa es que a veces no queremos que nos hablen de estos temas, no queremos que nos hablen porque me interpelan”. Hay gente que no quiere oír hablar de estas cosas, así de sencillo, no les da la gana y son libres.


Hay otros para los que supone un punto de inflexión y piensan: “Bueno ahora entiendo mejor las cosas, me entiendo mejor a mi mismo, entiendo mejor a los demás, estoy dándome cuenta que tengo que dirigir de manera distinta y modificar mi manera de vivir”.

Otra frase de Sócrates era: “En el hombre realmente virtuoso, la voz interior vence siempre a las presiones del mundo exterior”. Es decir, escuchar la conciencia y actuar en coherencia con la integridad.

Sí, esa es la persona que hay que alcanzar a ser. La ética tiene mucho que ver con el corregirse. No se trata de tener una hoja de servicio inmaculada, perfecta: “desde niño no he mentido ni roto nunca un plato”. Entonces, “te vamos a poner en un museo como el tipo inmaculado desde niño”. Nosotros
somos más bien como vasijas de cerámica que se han roto y la hemos arreglado y sirve. Muchas veces lo que tenemos éticamente que hacer es rectificar, pedir disculpas… Rectificar es volverme a levantar y luchar por mejorar con optimismo, con sentido deportivo.

Hay que reparar

Hombre, claro que hay que reparar.

Repararse y reparar. ”Me he robado mil dólares, bueno me he arrepentido, perdóname”. “Bien, ¿y los mil dólares?” “No es que ya pedí disculpas”. “Claro, yo te perdono pero ¿dónde están los mil dólares? Hay una lógica de la reparación y el perdón. Si no hay ánimo de reparar, el pedido de perdón es una tomadura de pelo.


¿Qué exige la ética?

La ética exige pensar. La ética descubre que cuando yo intento libremente hacer el bien me hago mejor, cuando yo hago el mal libremente, me hago peor. La norma ética fundamental la sabe todo el mundo, en el curso de ética que yo doy no le dedico mucha atención a las normas, esas la sabe todo el mundo. La norma ética fundamental es hacer el bien y evitar el mal. La ética tiene que ver con las decisiones, no tiene que ver con la especulaciones.


Ha dicho ética igual ser libre y buen decisor, ¿cuál es la ecuación de la ética?

Mejorar y ser feliz. Aquí lo importante es preguntarse: “cuando yo tomo esta decisión ¿mejoro como decisor, me hago mejor o me hago peor?“. Al margen del resultado externo que tenga, yo mejoro o me deterioro. Eso es lo que tengo que pensar, preferiblemente antes de actuar. A veces uno dice después “habría preferido no haberlo hecho”. Bueno eso es ya un comienzo porque estoy empezando a rectificar, a corregir y a mejorar, en suma, a rehacer mi vida.


¿Cuál es la oportunidad que el ejecutivo puede tomar del brazo de la ética?

Entender la lógica de lo que dirige. El lema de la ética es “párate a pensar e intenta mejorar”, rectifica lo que haya que rectificar y haz todo el bien que puedas. Estamos en esta vida para aportar. Una persona es como una fuente inagotable de aportes pero de libre aporte. Los seres humanos no nos agotamos nunca de aportar. Nos podemos cansar porque llevo todo el día levantado. Estoy en mil cosas y estoy agotado, necesito comer, quiero irme a dormir, que me dejen en paz, no quiero hablar con nadie. Es decir, tenemos necesidades en el plano psicocorporeo, que necesitamos suplir, pero en el plano íntimo no somos necesitantes sino sobreabundantes. Entonces no hay que decir nunca, suficiente, siempre puedo aportar más. La riqueza de una persona es infinita pero solo si esa persona decide con su vida aportar en todas las direcciones. Y eso está en su intimidad.

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