Magnífica obra: “el hombre como persona: antropología filosófica”

Estándar

He terminado de leer un libro magnífico, de Juan Garcia Gonzalez: El hombre como persona: antropología filosófica, (Madrid, 2019) publicado por Ideas y Libros Ediciones.

Hoy en día creemos saber muchas cosas, pero me temo desconocemos algo esencial: qué somos los seres humanos.

Tenemos una asignatura pendiente en los programas de estudios de educacion básica, universitaria y de postgrado: no se estudia al ser humano. Considero que ahí tienen su origen problemas en la convivencia, y aun peor en la dirección de las organizaciones.

El mundo necesita que las organizaciones sean mejor dirigidas y para ello es necesario que los directivos estudien adecuadamente al ser humano. Desde luego que todos necesitamos comprendernos, pero es una necesidad especialmente crítica en quienes dirigen a otras personas. Si me disculpan la cuña publicitaria, esta es una de las razones por las que desde hace unos años en el PAD ofrecemos la Maestría en Gobierno de Organizaciones, cuyo propósito es ayudar a los directivos a ser mejores tomadores de decisiones. Para ese propósito se les ofrece una síntesis del conocimiento sobre el ser humano que les resulte de ayuda para dirigir mejor.

Juan Garcia es profesor en dicha Maestria desde hace ya varios años, dictando cursos de teoría del conocimiento y antropología filosófica.

Pero lo que me propongo ahora es una breve presentación de uno de sus libros que me parece magnífico. Me parece magnífico por muchas razones, que enumero a continuación, dejando para el final lo que no me ha gustado.

La primera de ellas es que se puede aprender mucho sobre el ser humano con este libro. El contenido es fantástico. Y estoy con ganas de decir que es el mejor libro de antropología que he leído hasta la fecha. Primero por el contenido, segundo por lo que sigue además:

Es breve. Va al grano, no distrae. El carácter sintético, esquemático, me ha resultado muy útil. Hay otros buenos libros de antropología filosófica pero sin esta cualidad. Añade al final un listado de bibliografía recomendada que también es muy útil.

Es muy claro y didáctico. No va dirigido a filósofos sino a un público general, de nivel universitario, aunque pueda costar a lectores no familiarizados con la temática. Es muy ordenado, como lo son también las clases que el autor brinda a directivos.

No se dedica a repetir lo que otros dicen. Al menos a mí me ha ayudado a entender mejor muchas cosas. Se nota que es una obra madura fruto de muchos años de pensamiento fructifero, y de muchos años de enseñanza, a estudiantes de la carrera de filosofía.

Pero se nota también su esfuerzo por facilitar la comprensión a quienes le escuchan, especialmente cuando no son profesionales de la filosofía. Decía Ortega, que “la claridad es la cortesía del filósofo”. Juan ha sido muy cortes al escribirlo y a escribirlo con tanta claridad.

Es muy completo. No deja sin tratar ninguna dimensión del ser humano, desde la corpórea hasta la intimidad, desde sus manifestaciones externas en la cultura, hasta el destino tras la muerte. Destaco algunas de las que aparecen en el índice:

La persona corpórea: el habitante del universo; la intimidad abierta al futuro, la vida de la persona como un añadido creciente.

La persona que vive en el mundo y en la historia: el cuerpo, expresión natural de la persona. La infancia: crecimiento y aprendizaje. El uso de la razón y la edad adulta.

El yo y la persona, la inteligencia y la voluntad. El lenguaje, el bien y el mal, el crecimiento, los afectos y las emociones.

La cultura humana: teoria y práctica; la inserción en la historia: el derecho; la organización el espacio y el tiempo: técnica, ética, arte y belleza; el sentido del trabajo: la política, la economía y el dinero, la sociedad; el legado de la conducta humana: la historia y el pasado, la historia y la libertad.

La persona tras la muerte. Explicación de la muerte, la metahistoria. El éxito y el fracaso de la coexistencia personal: la aceptación previa al encuentro, la culminación, la elevación a plenitud o la frustración del coexistir.

Encontrar de manera sintética las claves de todas esas cuestiones es un gran valor que aporta esta obra, y que la convierten en un libro de referencia, aunque no tenga pretensiones de manual. No es desde luego y por suerte, un libro lleno de citas y referencias a autores diversos. Pero es para tenerlo cerca, y releerlo, y estudiarlo.

No sigue la moda. Presenta sin pudor la relación de la persona con Dios, esa persona que libremente ha decidido que uno exista. Aborda la dimensión religiosa, pero es un libro de filosofía, no un libro de antropología teológica ni cristiana. Con todo el autor es católico y aclara su posición al respecto en una muy elocuente nota final titulada “nota sobre antropología filosófica y cristianismo”. Ahí señala las diferencias patentes entre antropología filosófica y cristianismo; diferencias que “no sientan una incompatibilidad”, “porque son compatibles la búsqueda que lleva a cabo el ser humano y la salida del hijo de Dios a su encuentro”. Para apreciar mejor esta diferencia sugiero echar un vistazo al indice de un libro de antropología teológica; recomiendo uno magnífico de Juan Luis Lorda.

Hay quienes piensan mencionar a Dios es salirse de la filosofia y entrar en la teología. Un buen antídoto es leer este libro y leer un libro de antropología teológica, y comparar.

Aunque a mi me parece secundario, pues el fin es más importante que los medios, este libro es también muy interesante en este caso este carácter secundario, porque es un magnífico acercamiento a la propuesta antropológica de Leonardo Polo.

Me ha gustado mucho el diseño del libro, con la magnanimidad de incorporar numerosas ilustraciones de Leonardo da Vinci, en la portada y en los interiores.

Dije que dejaba para el final algo que no me ha gustado: el tamaño de las páginas; no es tamaño usual para un libro, pero habría preferido yo al menos que fuera un formato más usual.

Pd. Ojalá que se anime la editorial a ofrecerlo también en Version digital. Por el momento, está disponible en la web de amazon.es

Share

Ética en la gestión (entrevista de Lilian Zapata a Manolo Alcázar)

Estándar
                    REVISTA IMAGEN Y COMUNICACIÓN - ENERO 2020

Ética en la gestión empresarial

“APRENDO A CONDUCIRME MEJOR POR LA VIDA O ME DETERIORO COMO DECISOR”

Cómo impactan mis decisiones libres en mi libertad

Entrevista a Manuel Alcázar, Catedrático de la Escuela de Negocios del PAD

El hombre tiene la facultad de usar su libertad para el bien o para el mal. La ética estudia las acciones libres de las personas y su repercusión en su felicidad, haciéndolo mejor o peor decisor. Conversamos con Manuel Alcázar, profesor principal del PAD, Escuela de Dirección de la Universidad de Piura, y autor de diversos libros entre ellos: Cómo Mandar Bien, Gobierno de Personas, el Octógono, que forman parte de la colección Personas y Organizaciones. Alcázar en la siguiente entrevista profundiza sobre la ética
y la importancia de saber manejarse en la vida aprendiendo primero a autogobernarse.

Cuando hablamos de ética como parte de la gestión empresarial, ¿cuál es el punto central que enfatiza?

La ética es una de las disciplinas que estudia las acciones humanas. Su foco son las acciones libres de las personas y cómo impactan esas decisiones libres en mí como decisor, en relación a mi felicidad. Este es el punto central de la ética. Cuando yo actúo libremente mal me hago malo, ¿y qué quiere decir que me hago malo? Me hago peor decisor. ¿Qué quiere decir que me hago peor decisor? Que voy a difrutar menos de la vida, de las cosas buenas de la vida.


¿Se está entendiendo que si soy un mal decisor, desde el enfoque ético, voy a hacer infeliz o menos feliz como directivo?


Lo que estoy diciendo es preciso hoy en día recordarlo; desde luego que no son ideas mías, porque todo lo que digo es copiado de pensadores sabios. Llevo muchos años dictando el curso de ética en el MBA y cuando a veces le pregunto a los directivos ¿qué es la ética?, me dicen cosas muy pintorescas.

¿Qué dicen?


Dicen: “la ética tiene que ver con normas, procedimientos”. Pregunto, ¿de dónde salen esas normas y esos procedimientos? “Bueno, no sé depende de la cultura, de la religión, de la historia, de la época”. Y ¿para qué sirven? “No sé pero malogran la fiesta porque parece que todo lo que es rico o es pecado o engorda.”

Otro empresario me decía: “no se le puede hablar de ética a los empresarios, si no quieres que se vayan corriendo”. Entonces me pregunto: ¿qué idea tendrán de la ética? Bueno, eso tiene poco que ver con
lo que yo entiendo por ética, es decir, cómo impactan mis decisiones sobre mi mismo como decisor.

Es como manejar el carro, si yo aprendo a conducir bien el carro voy a ir mejor, puedo llegar adonde quiera. Si no sé manejar el carro, voy a terminar en un taller o a la mitad de la carretera y perdido con todo el mundo gritándome porque no sé manejarme. Entonces, lo más importante para disfrutar en la vida es saber manejarme. Saber manejarme supone un aprendizaje previo, y ese es el aprendizaje ético, aprender a decidir, a gobernarme. No puede haber buen gobierno si no hay autogobierno, no puede haber buena dirección sino hay autodirección; ese es un aprendizaje distinto de aprender finanzas o aprender ingeniería. Esto se aprende. El músculo se adquiere haciendo esfuerzo físico, yendo al gimnasio. El aprender a dirigirme se aprende cada vez que tomo una decisión libre. ¿Qué beneficio tiene esto para la empresa? Muchísimo. La ética es súper rentable para las organizaciones, no necesariamente para el directivo, para el directivo puede ser más rentable coimear, sobornar, estafar y, si sale “airoso” ganar un montón de dinero.


¿Cómo los directivos vienen entendiendo que la ética es más rentable para las organizaciones?

Lo entienden bien. Si en una organización yo tengo gente que sabe autodirigirse, que sabe decidir bien, que están identificados con la organización, con el propósito, van a contribuir mucho más y mejor a la organización con independencia de los controles que pongo sobre ellos. Entonces, van a poner al servicio de la empresa sus talentos, y esa organización va a ser muchísimo más eficaz, eso es indudable.

Hay varios ejemplos de corrupción convertidos en casos de crisis, directivos que delinquieron pero sin embargo están libres.

No están en la cárcel, pero se han deteriorado como decisores y eso va a tener un impacto en sus satisfacciones afectivas. Se están incapacitando para disfrutar de las cosas interesantes de la vida. Repito, la ética es súper rentable para la empresa, sin embargo hay gente que se salta la ética porque le atrae mucho el poder, el dinero, y piensa que puede ganar y salir airosa en la imagen pública.


Pero más interesante que la ética de lo extraordinario, es la ética de lo cotidiano: hacer bien mi trabajo diario, con responsabilidad. Dar una buena atención a mis subordinados, a mis clientes, a mi esposa, a mis hijos. Ir ganando autogobierno en el día a día


Así es, en todos esos ámbitos. Todo el tiempo tenemos tesituras en las cuales uno siente: “Bueno me dejo llevar por la flojera, me dejo llevar por la envidia… o digo ¡no¡”. Esas son las micro decisiones. Ahí es donde uno crece o se deteriora éticamente hablando, ahí es donde mejoras como persona o te deterioras. Ahí es donde uno va ganando en capacidad de autogobierno o lo contrario. ¿Por qué hay gente que termina corrompiéndose? Porque no ha tenido la capacidad de sobreponerse a una tentación que se le ha presentado. ¿Por qué no tiene esa capacidad? Porque no la ha cultivado en sí mismo.

Si a mí me ponen a jugar rugby americano, me van a destrozar en el primer encontronazo porque no tengo la fuerza para chocar con un tipo de 90 kilos que viene a toda velocidad, y me pasa por encima. Entonces, cuanto más poder tiene una persona es cuanto más autocontrol requiere y si no ha cultivado ese autocontrol le van a pasar por encima.


¿Por qué está tan ausente esta gobernanza personal, igual ética?

No sé, creo que no está en el mapa mental de mucha gente. Luego hay mucha indignación; si alguien mete la pata se magnifica, se le crucifica, pero… todos metemos la pata. Si no…, quién no se haya equivocado que arroje la primera piedra. La ética no trata de ser perfecto.

Pero sí de perfeccionarse.

Sí, trata de perfeccionarse. La ética de lo que trata es de cómo puedo ir mejorando, porque la ética no está para juzgar a los demás. La ética está para ayudarme a juzgar mis propias acciones libres, para ayudarme a mejorar como decisor y por ende, ayudarme a ser más feliz.


¿Por qué cree no está presente la visión de la ética en el discurso habitual, en lo cotidiano?


Algunos alumnos me lo han dicho. La gente no ha descubierto que existe una ciencia de la felicidad, una lógica de la felicidad, una lógica de la libertad; y esa lógica de la felicidad y la libertad tiene un nombre muy antiguo, una ciencia que se llama ética, que es distinta de la mecánica, o de la química, o de la psicología, o del derecho, o de la estética. La ética tiene una lógica, una racionalidad.


Lo decía Sócrates, sostenía que la ética tiene que ver con la razón y la virtud y que ambas son indisolubles.

Sócrates es uno de los descubridores de esto y plantea este tema. Es decir, ¿por qué yo debo seguir las normas éticas? La ética tiene tres ingredientes: las normas éticas, la libertad y las satisfacciones. Para comprenderla bien hay que integrar estos tres elementos. Hay que cumplir las normas morales precisamente porque me conviene. ¿En qué me conviene? Por las satisfacciones más satisfactorias que puedo alcanzar.


El comportamiento ético es comportamiento racional. Pero ser capaz de actuar racionalmente no es un punto de partida sino de llegada. La capacidad de actuar racionalmente no es innata, hay que ir adquiriéndola, ha de cultivarla cada uno en sí mismo. Si no la has cultivado, es en algo parecido a los músculos. ¿Por qué éste levanta 200 kilos y yo no? Porque éste ha ido cultivando su musculatura y yo no.


¿En dónde ubica a la conciencia en este comportamiento ético?

La conciencia es mi mirada sobre mis acciones libres. La ética no es lo más importante, lo más importante es la persona. La ética esta al servicio de la persona, no la persona al servicio de la ética. Es la persona la que mira sus acciones. Para comprender la ética y su sentido hay que comprender a la persona. Y esto es otro tema ausente. No sabemos qué es un ser humano.

Cuando hablamos de ética en la gestión empresarial, ¿cuál es el feedback que recibe de sus alumnos que son directivos?

Hay personas que se sorprenden y dicen: “Yo ni sabía que había una aproximación o una ciencia de la felicidad o la ética. Yo no lo había escuchado antes y escucharlo me parece muy interesante”. Otros dicen que esto debería enseñarse en el colegio, en la universidad. Un alumno me dijo una vez: “Lo que pasa es que a veces no queremos que nos hablen de estos temas, no queremos que nos hablen porque me interpelan”. Hay gente que no quiere oír hablar de estas cosas, así de sencillo, no les da la gana y son libres.


Hay otros para los que supone un punto de inflexión y piensan: “Bueno ahora entiendo mejor las cosas, me entiendo mejor a mi mismo, entiendo mejor a los demás, estoy dándome cuenta que tengo que dirigir de manera distinta y modificar mi manera de vivir”.

Otra frase de Sócrates era: “En el hombre realmente virtuoso, la voz interior vence siempre a las presiones del mundo exterior”. Es decir, escuchar la conciencia y actuar en coherencia con la integridad.

Sí, esa es la persona que hay que alcanzar a ser. La ética tiene mucho que ver con el corregirse. No se trata de tener una hoja de servicio inmaculada, perfecta: “desde niño no he mentido ni roto nunca un plato”. Entonces, “te vamos a poner en un museo como el tipo inmaculado desde niño”. Nosotros
somos más bien como vasijas de cerámica que se han roto y la hemos arreglado y sirve. Muchas veces lo que tenemos éticamente que hacer es rectificar, pedir disculpas… Rectificar es volverme a levantar y luchar por mejorar con optimismo, con sentido deportivo.

Hay que reparar

Hombre, claro que hay que reparar.

Repararse y reparar. ”Me he robado mil dólares, bueno me he arrepentido, perdóname”. “Bien, ¿y los mil dólares?” “No es que ya pedí disculpas”. “Claro, yo te perdono pero ¿dónde están los mil dólares? Hay una lógica de la reparación y el perdón. Si no hay ánimo de reparar, el pedido de perdón es una tomadura de pelo.


¿Qué exige la ética?

La ética exige pensar. La ética descubre que cuando yo intento libremente hacer el bien me hago mejor, cuando yo hago el mal libremente, me hago peor. La norma ética fundamental la sabe todo el mundo, en el curso de ética que yo doy no le dedico mucha atención a las normas, esas la sabe todo el mundo. La norma ética fundamental es hacer el bien y evitar el mal. La ética tiene que ver con las decisiones, no tiene que ver con la especulaciones.


Ha dicho ética igual ser libre y buen decisor, ¿cuál es la ecuación de la ética?

Mejorar y ser feliz. Aquí lo importante es preguntarse: “cuando yo tomo esta decisión ¿mejoro como decisor, me hago mejor o me hago peor?“. Al margen del resultado externo que tenga, yo mejoro o me deterioro. Eso es lo que tengo que pensar, preferiblemente antes de actuar. A veces uno dice después “habría preferido no haberlo hecho”. Bueno eso es ya un comienzo porque estoy empezando a rectificar, a corregir y a mejorar, en suma, a rehacer mi vida.


¿Cuál es la oportunidad que el ejecutivo puede tomar del brazo de la ética?

Entender la lógica de lo que dirige. El lema de la ética es “párate a pensar e intenta mejorar”, rectifica lo que haya que rectificar y haz todo el bien que puedas. Estamos en esta vida para aportar. Una persona es como una fuente inagotable de aportes pero de libre aporte. Los seres humanos no nos agotamos nunca de aportar. Nos podemos cansar porque llevo todo el día levantado. Estoy en mil cosas y estoy agotado, necesito comer, quiero irme a dormir, que me dejen en paz, no quiero hablar con nadie. Es decir, tenemos necesidades en el plano psicocorporeo, que necesitamos suplir, pero en el plano íntimo no somos necesitantes sino sobreabundantes. Entonces no hay que decir nunca, suficiente, siempre puedo aportar más. La riqueza de una persona es infinita pero solo si esa persona decide con su vida aportar en todas las direcciones. Y eso está en su intimidad.

Share

Satisfacciones humanas

Estándar
Hemos señalado que la ética está al servicio de la felicidad. Pero ocurre que hay diversos tipos de satisfacciones. Voy a presentarlas comentando la moral de los vendedores, recogiendo unas palabras de Pérez López:

“Naturalmente que los buenos vendedores también quieren ganar dinero. Pero por lo general les gusta el proceso de venta en sí mismo. Para ellos, vender es un reto: un motivo interno. Sin embargo, el comportamiento del vendedor realmente bueno lo observamos en su convencimiento de estar prestando un servicio al cliente, de estar haciendo algo bueno por él, de estar ofreciéndole algo bueno. Esta es mi experiencia de muchos años.

Cuando un buen vendedor provoca quejas por falta de rendimiento –y por eso tengo a esta profesión en gran respeto– la causa casi siempre es la desmoralización, confesada o inconfesada: el vendedor no está convencido de que la mercancía que ha de vender sea buena.

En el fondo no desea venderla. Para un buen vendedor es una pesadilla tener que vender algo que sabe que la competencia está ofreciendo en mejores condiciones” (Liderazgo y ética en la dirección de empresas, Ediciones Deusto).

¿Qué cosas nos producen satisfacción a las personas? Muchas, pero se pueden clasificar en los siguientes tres tipos:

Hacer cosas que son útiles para los demás. En el ejemplo puesto, se ve que la desmoralización de los vendedores significa insatisfacción en este plano de necesidades. A las personas nos gusta contribuir para que los demás estén satisfechos.

Aprender, entender, hacer cosas retadoras, interesantes. En el ejemplo, es la satisfacción que le produce a un vendedor “el proceso de venta en sí mismo”, le gusta vender más que estar haciendo presupuestos en una hoja de cálculo.

Conseguir cosas externas como el aplauso, el reconocimiento, u otras tan tangibles como un buen carro, una buena comida, etc.

Son tres planos distintos de necesidades que se satisfacen de manera diferente: buenas relaciones con otras personas, conocimiento y cosas materiales externas a uno. A las primeras tal vez se les puede llamar “afectivas”, a las segundas “cognoscitivas” y a las terceras “psicocorpóreas” o “placenteras”.

Tendremos que analizarlas con más detalle, principalmente las afectivas, que son las más interesantes y cuya lógica es muy importante comprender. Precisamente el aprendizaje ético, que hemos dicho que consiste en mejorar como decisor, tiene que ver con ellas. Significa desarrollar la capacidad de alcanzar mayores y mejores satisfacciones. Y las satisfacciones afectivas son más satisfactorias que las psicocorpóreas y cognoscitivas. Pero esta idea requerirá mayores explicaciones.

La inmoralidad atenta frontalmente contra las satisfacciones afectivas, sin las cuales la vida se puede volver muy amarga, aunque esté llena de éxitos y placeres. ¿Por qué no me conviene portarme mal pudiendo hacerlo? Por aquí irá la respuesta.

[Publicado en MercadoNegro el 25 de octubre de 2019]

Share

No es suficiente aprender a pensar

Estándar
Hemos ido viendo en anteriores entradas, que la ética se ocupa de mejorar como decisor: mejoro cuando, consciente y voluntariamente, hago lo que pienso que es bueno, aunque me suponga un esfuerzo. Así, voy habituándome a actuar bien, y cuando veo que me equivoqué, intentaré corregir, aunque me suponga un esfuerzo.

Así, mejoro como decisor, y decidiendo mejor, Continuar leyendo

Share

Las marcas y la ética

Estándar
La percepción es lo importante, repiten algunos macachonamente. Pero cuidado con perder de vista un detalle importante: percepción no equivale a buena percepción. El cliente compra de acuerdo a su percepción pero a veces es miope y compra mal. ¿Debe importarle a la marca?

Las marcas, como la mujer del César, además de serlo han de parecerlo. El tratamiento difiere según los posibles diagnósticos:

1. Ni lo somos ni lo parecemos. Bien para los clientes: se ahorran una decepción. Mal para la marca. No hay futuro si no se toman decisiones radicales. No somos confiables y el mercado lo sabe. Estamos fuera. La tentación: pensar que se arregla con marketing y comunicación. No, o no principalmente, porque el problema es de contenido.Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Además, es difícil engañar a la gente, o engañarla mucho tiempo. Y la competencia no es tonta ni ciega. Antes que los clientes y que los competidores, son los empleados los que se dan cuenta: los mejores empezarán a buscar un cambio: la gente de talento no quiere estar en una empresa sin talento, salvo que se trate de asumir el reto de cambiar radicalmente las cosas.

2. No lo somos pero lo parecemos. Mal para los clientes, pero la marca tiene aún algo de tiempo para reaccionar. Aun goza de credibilidad, pero Continuar leyendo

Share

La mejora o deterioro como decisor

Estándar
A veces estoy equivocado sobre lo que es bueno o malo, y resulta que era bueno lo que yo creía malo, o viceversa: lo que subjetivamente consideraba bueno, o malo, no se correspondía con lo que objetivamente lo era. Esa equivocación puede acarrear diversas consecuencias, unas desafortunadas –me sienta mal un almuerzo, llego tarde…–, otras afortunadas –me salvo de un entuerto, me sale más barato de lo pensado, etc.–. Desde el punto de vista ético estas consecuencias son de importancia pero importancia secundaria.

Continuar leyendo

Share

Las acciones y sus múltiples dimensiones

Estándar
La ética es una de las disciplinas que estudian el comportamiento de las personas, como también el derecho, la psicología, la mecánica, la medicina, etc.

Se puede estudiar nuestro comportamiento desde diversas perspectivas. Vamos a ver un ejemplo frecuente: me voy a almorzar con Luis.

Veamos cómo miran esta acción diversas disciplinas.

Las acciones y sus dimensiones; MercadoNegro

Cada ciencia es un lente distinto con el que mirar la realidad: me puedo servir de cada una de ellas para ver aspectos que no vería con las demás. Entiéndase en lo que sigue que voy a esbozar una suerte de caricatura. No pretendo precisar con rigor en qué consiste cada una de ellas, sino ponerlas en comparación, ayudar a evidenciar las diferencias y destacar el punto de vista ético.

¿Qué diría la ciencia física al respecto? Preguntará tal vez dónde me encuentro y dónde está el restaurante, examinará si podré llegar a tiempo dada la hora y el estado del tráfico, etc.

¿La biología? Preguntará qué voy a comer y qué tan bien o mal me puede caer la comida según el estado de mi metabolismo, etc.

¿La economía? Preguntará qué va a pasar con mi salud económica: cuánto cuesta el almuerzo, quién paga, cómo estoy de dinero, etc.

¿El derecho? Tal vez puede advertirme de que almorzar con Luis supone un conflicto de interés. O podría tranquilizarme diciéndome que no pasa nada desde el punto de vista legal.

¿La sociología? Podría examinar cómo afectaría mi buena fama el que la gente se entere de que he almorzado con Luis. ¿Estará bien o mal visto por tal o cual grupo humano que me reúna con esa persona? ¿Dejarán de confiar en mí, le sentará mal a alguien o, por el contrario, quedaré muy bien?

¿La psicología? Tal vez me lo desaconseje, pues me va a poner de mal humor…

¿Y la ética? Se va a fijar en qué pasará con mi libertad si almuerzo con Luis, y cómo eso puede afectar mi felicidad, aspectos ambos muy relacionados.

¿He actuado libremente al almorzar con Luis? La ética no tiene nada que decir si resulta que no. ¿Y cuándo mi acción es libre? Este es un tema muy importante que explico con detalle en mi libro Cómo mandar bien. Ahora solo un breve apunte: supongamos, por ejemplo, que dicho almuerzo constituya un delito, por lo que puedo terminar en la cárcel, ¿qué dirá la ética? Pues que si yo no era consciente de estar haciendo algo malo, yo no me he deteriorado moralmente. Actúo de modo éticamente relevante solo cuando actúo libremente, y actúo libremente cuando actúo de modo consciente y voluntario.

La ética se ocupa de mi mejora o deterioro moral, es decir, de mi libre crecimiento en libertad para ser feliz. Lo demás son cuestiones aparte.

 

[Publicado en MercadoNegro, mayo 2019]

 

Continuará

 

Share