Los gerentes que no amaban a sus empresas

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Publicado en SE, octubre 2015

Las organizaciones son difíciles de crear. Es muy importante, por tanto, cuidar mejorar las que ya existen. Pero ¿qué hace falta para ello?

Las organizaciones mejoran cuando mejoran las decisiones directivas de quienes las gobiernan, dentro de lo que el entorno permita. Y si esto es así, ¿qué hace falta entonces para que mejoren las decisiones directivas? Pues que los directivos sepan y quieran tomar mejores decisiones de gobierno, dentro de lo posible.

Me referiré brevemente a estos dos factores.

Lo más importante es que quieran. Eso significa que quieran a la organización. Si se tratara de un militar, a esa actitud le llamaríamos patriotismo: buscar el bien de la nación. En el caso de un directivo, análogamente, lo primero es que tenga amor al chancho, no sólo al chicharrón. Circula por ahí la novela Los hombres que no amaban a las mujeres. Este artículo llama la atención sobre la importancia de que los gerentes tengan amor por sus empresas; e incluyo también a los dueños.

Todo el mundo acepta la gran importancia de la lealtad de los empleados: sólo ellos pueden lograr la lealtad de los clientes. Pero ¿qué hacer para lograr empleados leales? La respuesta es clara: gerentes leales a la empresa que gobiernan.

Si aman a sus empresas querrán tomar buenas decisiones, aquellas que esperan ellos que mejoren a la organización.

Pero, siendo clave, no es suficiente. Además de querer, hay que saber. Éste es el segundo factor al que me referiré.

Y ¿qué debe conocer un directivo para decidir mejor? Pues debe conocer suficientemente bien –digo yo– las dos cosas que un directivo maneja: el funcionamiento de la organización y el funcionamiento de los seres humanos. Análogamente a un piloto, que debe conocer bien el funcionamiento del vehículo que ha de manejar.

Ahora bien, ¿dónde se puede estudiar con rigor científico al ser humano y a la organización? Pregúntese usted, querido lector. ¿Ha asistido usted alguna vez, a lo largo de sus años de estudio, a alguna sesión cuyo objeto fuera entender a la persona?

Se da al respecto una clamorosa ausencia en los planes de estudio tanto a nivel universitario como de posgrado. Todos damos por supuesto que ya sabemos qué es y cómo funciona un ser humano. Pero no lo hemos estudiado de manera directa ni rigurosa.
Por eso funcionan paradigmas un tanto pintorescos que, muchas veces de manera inconsciente, influyen en nuestras decisiones.
Sostengo que la pérdida de competitividad y productividad de muchas empresas tiene su causa en las malas decisiones gerenciales. Y la causa de ellas es doble: a veces, simplemente, se trata de que el gerente tiene más amor a los huevos que a la gallina, gerencia a corto plazo, pensando en su salida a otra posición mejor.
Otras veces se trata de un paradigma erróneo de cómo mandar bien, muchas veces teniendo como origen una deficiente comprensión del ser humano.
Ha llegado la hora de que los directivos se conviertan en expertos en comprender al ser humano. No son suficientes unas técnicas comerciales y financieras. Ha llegado el momento de la antropología.

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